EL BOTE.



Un hombre estaba remando en su bote corriente arriba durante una mañana muy brumosa.

De repente vio que otro bote venía corriente abajo, sin intentar evitarle. Avanzaba directamente hacia él, que gritaba:

- Cuidado! Cuidado!

Pero el bote le dio de pleno y casi le hizo naufragar.

El hombre estaba muy enfadado y empezó a gritar a la otra persona para que se enterara de lo que pensaba de ella. Pero cuando observó el bote más de cerca, se dio cuenta que estaba vacío.

* A veces los cuentos más cortos son los que más nos enseñan, y este, con unas pocas frases, nos muestra una de las enseñanzas más valiosas de la vida. El río representa la vida, que tiene su curso, el barco que baja con la corriente, son los acontecimientos de la vida que vienen hacia nosotros, que nos empeñamos en ir contracorriente. Cuando en la vida nos suceden cosas inesperadas es fácil que pensemos que tenemos mala suerte, que el destino nos ha jugado una mala pasada, y nos empeñamos en ver los acontecimientos según nos beneficien o no. Pero el universo tiene sus leyes, sus normas, y pensar que lo hace por nosotros es un verdadero error que nos puede sentir desgraciados.

EL HOMBRE LLAMADO NAMARASOTHA.



Había un hombre que se llamaba Namarasotha.  Era pobre y andaba siempre vestido de harapos.  Un día fue a cazar.  Al llegar al bosque, encontró un impala muerto.  Cuando se preparaba para asar la carne del animal, apareció un pajarito que le dijo:

          –  Namarasotha, no se debe comer esa carne.  Continúa un poco más que lo que es bueno, estará allá.

El hombre dejó la carne y continuó caminando.  Un poco más adelante, encontró una gacela muerta.  Intentaba, nuevamente, asar la carne cuando apareció otro pajarito que le dijo:

Namarasotha, no se debe comer esa carne.  Siempre avanza, que encontrarás cosas mejores que eso.

El obedeció y continuó caminando hasta que vió una casa junto al camino.  Paró y una mujer que estaba al lado de la casa, lo llamó, pero el tuvo miedo de acercarse puesto que estaba muy harapiento.

            – ¡Ven aquí! – insistió la mujer.

Entonces Namarasotha se aproximó.

           – Entra, le dijo.

El no quería entrar porque era pobre.  Pero la mujer insistió y Namarasotha finalmente entró.

Ve a lavarte y ponte estas ropas, le dijo la mujer.  Y el se lavó y vistió pantalones nuevos.  Luego la mujer declaró.

           –  A partir de este momento, esta es tu casa.  Tu eres mi marido y de ahora en adelante, eres tu quien manda.

Y Namarasotha se quedo, dejando así de ser pobre.

Un cierto día había una fiesta a la que debían asistir.  Antes de partir a la fiesta, la mujer le dijo a Namarasotha:

            –  ­En la fiesta a la que vamos, cuando bailes, no debes mirar hacia atrás.

Namarasotha estuvo de acuerdo y partieron juntos. En la fiesta, bebió mucha cerveza de harina de mandioca y se embriagó.  Comenzó a danzar al ritmo de la batucada.  A cierta hora, la música estaba tan animada, que miró hacia atrás.  Y en ese propicio momento, volvió a estar como estaba antes de llegar a la casa de la mujer: pobre y haraposo.

* La interpretación de este cuento es bien explicada por Misosoafrica en su blog. En resumidas cuentas, el cuento es una historia que reafirma el valor de la experiencia, de la sabiduría de los ancianos y de la cultura popular.
Un hombre pobre en áfrica es un hombre sin mujer, sin tierra y sin hijos. El impala y la gacela representan a mujeres casadas que Namarasotha debe respetar y no "comer", y los pájaros son los sabios del poblado que le animan a encontrar una mujer sin ataduras.
El problema surge cuando Namarasotha no sigue los consejos de la mujer, la tradición de su poblado y se gira cuando baila, es entonces cuando vuelve a ser pobre.