El arte de la escritura.

Un maestro calígrafo estaba escribiendo algunos caracteres sobre un pedazo de papel. Uno de sus especialmente perceptivos estudiantes estaba mirándolo.

Cuando el calígrafo hubo terminado, pidió la opinión del estudiante, quién inmediatamente le dijo que no estaba muy bien. El maestro lo intentó de nuevo, sin embargo el estudiante criticó el trabajo de nuevo.

Una y otra vez, el calígrafo cuidadosamente trazaba los mismos caracteres, y cada vez el estudiante los rechazaba.

Finalmente, cuando el estudiante había desviado su atención a algo más y no estaba mirando, el maestro aprovechó la oportunidad de hacer rápidamente los caracteres.

"¡Listo! ¿Cómo está ese?", le preguntó al estudiante. El estudiante se dio vuelta a mirar. "¡ESA... es una obra maestra!" exclamó.

*En las tareas en que se necesita de nuestra habilidad, que requiere totalmente nuestra concentración, pensar en si lo estamos haciendo bien, o lo estamos haciendo mal, solo hace que no nos concentremos del todo y que por tanto, no salga todo lo bien que se puede hacer. En el arte de la escritura, cada letra es un reflejo de nosotros mismos, por eso hay que estar sereno y libre de prejuicios, para que el trazado sea sereno y libre... Para que nuestra relación con el mundo, también sea serena y libre.

Puede ser.

Un granjero vivía en una pequeña y pobre aldea. Sus paisanos le consideraban afortunado porque tenia un caballo que utilizaba para labrar y transportar la cosecha. Pero un día el caballo se escapó. La noticia corrió pronto por el pueblo, de manera que al llegar la noche, los vecinos fueron a consolarlo por aquella grave pérdida: "¡Qué mala suerte has tenido!". La respuesta del granjero fue un sencillo "puede ser".

Pocos días después el caballo regresó trayendo consigo dos yeguas salvajes que había encontrado en las montañas.

Enterados los aldeanos acudieron de nuevo, esta vez a darle la enhorabuena y comentarle su buena suerte, a lo que él volvió a contestar: "puede ser".

Al día siguiente, el hijo del granjero trató de domar a una de las yeguas, pero está lo arrojó al suelo y el joven se rompió una pierna. Los vecinos visitaron al herido y lamentaron su mala suerte; pero el padre respondió otra vez: "puede ser".

Una semana más tarde aparecieron en el pueblo los oficiales de reclutamiento para llevarse a los jóvenes al ejercito. El hijo del granjero fue rechazado por tener la pierna rota. Al atardecer, los aldeanos que habían despedido a sus hijos se reunieron en la taberna y comentaron la buena estrella del granjero, más este, como podemos imaginar, contesto nuevamente: "puede ser".

*Este es un cuento taoísta muy conocido, y nos muestra una enseñanza valiosa para la vida: En la vida suceden cosas a pesar de nuestros deseos de que sucedan o no. A veces nos volvemos tristes cuando las cosas no salen como queremos, y viceversa. Nuestro estado de ánimo depende del exterior, en cambio, la felicidad se encuentra en el interior.

Circulo del 99

Había una vez un judío cortesano. Vivía en un gran castillo, lleno de habitaciones, grandes jardines y mucho lujo. Sin embargo, este hombre, como muchos otros, tenía un problema: no se sentía feliz.

A pesar de ser el cortesano del rey y tener mucha fortuna y gran prestigio sentía que le faltaba algo. Nunca estaba contento con lo que tenía.

En el castillo trabajaba un hombre que siempre estaba alegre; realizaba sus tareas con placer y en su rostro se dibujaba una eterna sonrisa.

Al encontrarse con él, el cortesano se preguntaba siempre cómo podía ser que un hombre así, tan pobre y con un trabajo tan humilde, se sienta feliz.

Un buen día, comentó el asunto con uno de sus consejeros: -"No entiendo cómo este obrero puede sentirse feliz. No lo he visto nunca enojado, en su cara siempre hay dibujada una sonrisa."

"Lo que sucede, mi señor, es que este hombre no ha ingresado al "círculo del 99": es por esto que él es feliz", contestó el consejero.

- "¿Y qué es el "círculo del 99"? - preguntó el cortesano. muy extrañado.

- "Se lo voy a demostrar." - dijo el consejero con firmeza. - "Hoy a la noche, cuando el obrero llegue a su casa, dejaremos en su puerta una bolsa con 99 monedas de oro. El resto lo comprobará Usted por su cuenta."

Y así sucedió. Por la noche, cuando el sirviente se encontraba en su humilde casa, feliz., con su esposa y sus hijos, el cortesano y el consejero golpearon en la puerta del pobre hombre y dejaron en el suelo la bolsa con las 99 monedas. Rápidamente se escondieron detrás de un árbol y observaron todo lo que sucedía en la casa.

El hombre abrió la puerta, miró hacia un lado y hacia el otro, pero no vio a nadie. Sin embargo, encontró en el suelo una bolsa que parecía no pertenecer a nadie. La recogió del suelo y la llevó a su casa. Junto a su mujer y a sus hijos comenzó a abrirla, muy extra­ñado por lo que estaba sucediendo.

Al ver el contenido, comenzó a llorar de alegría, ¡una bolsa con monedas de oro! ¡Qué bien le venía este regalo! A partir de ese momento no tendrá más preocupaciones, sus hijos podrán vestir y comer como los ricos, y su mujer se comprará las mejores ropas. Irán de paseo todos los días, y serán aún más felices.

Pero en ese momento decidió contar las monedas, para saber cuán grande era su fortuna. Y comenzó con la cuenta: una, dos noventa y ocho, noventa y nueve...

El hombre se puso furioso, no podía creer lo que estaba pasando.

"¡Me robaron una moneda!", - comenzó a gritar. - "¡No hay justicia en este mundo! ¡Alguien se llevó mi moneda!"

Y fue en ese instante cuando el hombre entró en el "círculo del 99".

La expresión de su cara cambió, la eterna sonrisa se transformó en una mueca de bronca y odio, y la sensación de felicidad desapareció para siempre.

En el trabajo, el pobre hombre ya no sonreía ni era amable con la gente, hasta con el cortesano se mostraba hostil. E incluso trabajó más y más para intentar conseguir las 100 monedas que él creía que debía tener.

Un buen día, el cortesano le preguntó qué le ocurría, ¿por qué andaba siempre con esa expresión tan triste en su cara?

"Y qué crees tú, ¿que debo andar siempre contento?" - dijo casi gruñendo. "Yo no soy tu bufón. Hago mi trabajo, y por eso me pagan, pero nadie puede obligarme a estar alegre."

Frente a esta contestación tan agresiva, el cortesano se ofendió mucho y pronto comprendió lo que significaba pertenecer al "círculo del 99".

* Esto en una alegoría que habla sobre la sensación de que nos falta algo. Nacemos completos y vivimos completos: las ambiciones, el querer ser, el querer llegar a algo, el querer tener nos produce la sensación de vacío, de que nos falta algo. Por eso hay que valorar las cosas en su justa medida. Si eres feliz, para que quieres las 99 monedas, ¿Para trabajar más y conseguir las 100?, ¿No debería para trabajar menos y ser más libre?

La mecha y el ladrón.

Un hombre oyó una noche que alguien andaba por su casa. Se levantó y, para tener luz, intentó sacar chispas del pedernal para encender su mechero. Pero el ladrón causante del ruido, vino a colocarse ante él y, cada vez que una chispa tocaba la mecha, la apagaba discretamente con el dedo. Y el hombre, creyendo que la mecha estaba mojada, desistió y no logró ver al ladrón.

*En este cuento, la casa representa a nosotros mismos y el ladrón una idea nueva que no tiene porqué ser mala. El ladrón puede llevarse cosas a las que estamos aferradas y que aunque no lo creamos, puede ser mejor que desaparezcan. Si crees que no necesitas aferrarte a algún tipo de comportamiento, idea, conclusión, etc. desprenderte y déjalo que desaparezca.

El ataúd de uno mismo.

En un funeral, uno a uno los empleados agitados se aproximaban al ataúd, miraban al difunto y tragaban sake. Se quedaban unos minutos en el más absoluto silencio, como si les hubieran tocado lo más profundo del alma.

Resulta que en el fondo del ataúd había un espejo, donde al mirar cada uno se veía reflejado, con el siguiente texto:

“Sólo existe una persona capaz de limitar tu crecimiento: ¡TU MISMO”!

* Tú eres la única persona que puede hacer una revolución en tu vida. Tu eres la única persona que puede perjudicar tu vida, y la única que puede ayudarse.

Tu vida no cambia cuando cambia tu jefe, cuando tus amigos cambian, cuando tus padres cambian, cuando tu pareja cambia. Tu vida cambia, cuando tú cambias, eres el único responsable por ella. “Examínate y no te dejes vencer”

“El mundo es como un espejo, que devuelve a cada persona, el reflejo de sus propios pensamientos. La manera como tu encaras la vida es lo que hace la diferencia”.