¿Está mi mente tan limpia?


Buda tenía un discípulo llamado Suddhipanthaka, al que todos conocían con el sobrenombre de “Pequeño Camino”. Era el estudiante más lento del maestro. Todos, excepto él, podían recordar sus enseñanzas. Pero si éste trataba de memorizar la primera palabra de un sutra, se le olvidaba la segunda y viceversa. El Buda le dio entonces el trabajo de limpiar los zapatos de otros discípulos, puesto que no parecía apto para hacer otra cosa.
 Después de haber limpiado zapatos por un tiempo bastante largo, “Pequeño camino” se preguntó a sí mismo: “Todos los zapatos están limpios, pero ¿está mi mente tan limpia?”.  En ese momento, su mente se liberó por completo.

*Cómo en la mayoría de las tradicionales religiones orientales mayoritarias, el gran problema es el sufrimiento que es causado por la mente. Muchas veces nos liamos en un mundo de ideas, unas se contradicen a otras y otras nos causan dolor. Es tal la importancia que le damos a las ideas, que no nos fijamos en los hechos reales.

El niño de cera.


La familia de Kadhi era una buena familia. Junto con sus padres y sus hermanos constituían lo que podría llamarse, básicamente, una familia feliz.

Pero aquella familia tenía una característica muy peculiar: Tanto Kadhi como sus hermanos, en lugar de ser de carne, eran de cera.

Como consecuencia de esto, jamás podían salir de su cabaña cuando había luz del día, por miedo a derretirse. Solo lo hacían de noche para jugar un poco alrededor. Aunque a veces tropezaban por la oscuridad, al ser de cera no sentían dolor. Sus padres no les dejaban alejarse demasiado, pues la oscuridad siempre es peligrosa. Más de una vez se quejaban de que nunca podrían saber cómo era el mundo… … pero ellos se llevaban bien y eran felices a su manera.
Sin embargo, la inquietud de Kadhi le llevaba a soñar con poder ver las maravillas de las que había oído hablar y que poblaban el mundo.

El sol al amanecer, los animales corriendo por la sabana, las nubes jugando con la luz y el arco iris.
Decidió arriesgarse y salir de la seguridad de la cabaña para conocer la belleza del mundo. Sus padres intentaron persuadirlo de que no hiciera aquel viaje, pues con toda probabilidad podría derretirse al sol. Kadhi salió decidido sin mirar atrás.

Su breve viaje le permitió sentir en el rostro el cálido amanecer, ver el juego de luces en el cielo y los árboles saludando con la sonrisa iluminada en sus copas, las jirafas esbeltas y los antílopes…
… pero, al alzarse más y más el sol, su pequeño cuerpo de cera se derritió sobre la tierra.
Por la noche, sus hermanos le buscaron y, al encontrar sus restos, moldearon un bellísimo pájaro, con alas de palma que protegieran la cera del sol. Lo colocaron sobre un montículo y, al amanecer, lo observaron desde la cabaña por una rendija.

Cuando salió el sol, el pájaro de cera se volvió como de fuego. Cobrando vida y levantando el vuelo, giró varias veces sobre la cabaña como para despedirse. Finalmente, se alejó inmensamente feliz.

* Reprimir la naturaleza humana siempre trae infelicidad, aunque sea por la propia seguridad. Toda las personas deberían conocer las maravillas que han sido creadas en este mundo, no hacerlo, es vivir en la inseguridad, no es vivir la vida plenamente, es eliminar una parte de la vida.

El brahmán astuto.


  Era en el norte de la India, allí donde las montañas son tan elevadas que parece como si quisieran acariciar las nubes con sus picos. En un pueblecillo perdido en la inmensidad del Himalaya se reunieron un asceta, un peregrino y un brahmín. Comenzaron a comentar cuánto dedicaban a Dios cada uno de ellos de aquellas limosnas que recibían de los fieles. El asceta dijo:

  -Mirad, yo lo que acostumbro a hacer es trazar un círculo en el suelo y lanzar las monedas al aire. Las que caen dentro del círculo me las quedo para mis necesidades y las que caen fuera del círculo se las ofrendo al Divino.

  Entonces intervino el peregrino para explicar:

  -Sí, también yo hago un círculo en el suelo y procedo de la misma manera, pero, por el contrario, me quedo para mis necesidades con las monedas que caen fuera del círculo y doy al Señor las que caen dentro del mismo.

  Por último habló el brahmín para expresarse de la siguiente forma:

  -También yo, queridos compañeros, dibujo un círculo en el suelo y lanzo las monedas al aire. Las que no caen, son para Dios y las que caen las guardo para mis necesidades.

* Este cuento en tono humoerístico, nos hace reflexionar sobre los ideales. Muchas veces, queremos llegar a ser algo o a convertirnos en algo pero es muy difícil o francamente imposible. Nos encabezamos y nos obsesionamos y muchas veces, no nos damos cuenta de que la felicidad no hay que buscarla por que está justo delante de nuestros ojos.

Sin miedo.


Durante las guerras civiles en el Japón feudal, un ejército invasor podía barrer rápidamente con una ciudad y tomar el control. En una aldea en particular, todos huyeron momentos antes que llegara el ejército; todos excepto el maestro de Zen.

Curioso por este viejo, el general fue hasta el templo para ver por sí mismo qué clase de hombre era este maestro. Como no fuera tratado con la deferencia y sometimiento a los cuales estaba acostumbrado, el general estalló en cólera. “¡Estúpido!”, gritó mientras alcanzaba su espada, “¡no te das cuenta que estás parado ante un hombre que podría atravesarte sin cerrar un ojo!”. Pero a pesar de la amenaza, el maestro parecía inmóvil. “¿Y usted se da cuenta?”, contestó tranquilamente el maestro, “¿que está parado ante un hombre que podría ser atravesado sin cerrar un ojo?”

* Esta historia es en cierto modo un poco humorista. Trata de quitar gravedad a la vida e importancia al Ego. No se trata de que el maestro Zen este tarumba o no, sino de cómo el maestro zen influye para que el más altivo de los hombres, pueda reírse de sí mismo.

Las huellas del maestro.



Un renombrado erudito con fama de perspicaz paró al pie del camino en una posada. Al observar unas huellas en la nieve reflexionó así ante el posadero:

“He aquí las huellas de un hombre profundo y valeroso; están en medio del camino y avanzan con rectitud, la hondura de sus huellas denotan el peso de su ciencia y su dignidad. A su lado veo las huellas de los discípulos que le siguen; todos le rodean mientras anda y escuchan sus palabras, no hay tanta hondura en sus huellas pero si perseveran con este maestro alcanzarán el conocimiento. Allí, por último, y al borde del camino, apenas se distinguen las huellas erráticas de un niño, un sólo soplo de aire las ocultará.”

Al escuchar estas palabras el posadero riendo dijo: “Señor, a pesar de su error tras sus palabras se oculta una honda verdad. Las huellas más profundas son las de un reo condenado, el peso de sus grillos hacen profundas sus huellas y firmes sus pasos; las huellas que están a su alrededor son las de los guardianes que lo escoltaban hacia su prisión, guardianes y preso seguían, en verdad, un mismo camino. Las huellas más leves no son las de un niño sino las de un sabio que sin ningún peso erraba por este camino sonriendo y casi desnudo"

* Un ejemplo más de que vemos el mundo como queremos o como no queremos. Hay que darse cuenta de que el mundo es como es, y clasificarlo y medirlo es empequeñecerlo.
Por otra parte, nos muestra que el quien es verdaderamente sabio, deja el conocimiento libresco, el de las ideas a un lado para poder disfrutar más de la vida.


La bolsa perdida


Se cuenta que en una gran ciudad de Europa, vivía un hombre muy avaro, el que un día al salir de su trabajo, perdió una bolsa con quinientos ducados. Tan afligido se sentía, que no demoró ni un segundo en ir y poner un aviso en la entrada de la sinagoga para ofrecer una generosa recompensa al que la hubiese encontrado.

Un hombre, tan pobre como honrado, encontró la bolsa y no dudó en llevársela al avaro. Al recuperar éste su bolsa, se arrepintió de la recompensa, diciéndole al pobre hombre:

"En la bolsa tenía mil ducados y aquí no hay más que quinien­tos. ¿Dónde está lo que falta?"

El pobre hombre, que entregó la bolsa sin sacar ni una sola moneda de ella, no pudo probar su inocencia y tuvo que regresar a su casa con las manos vacías. Al saberlo su esposa, le pidió que fuesen a ver al Rabí.

Dos eran las razones de la visita: la conducta del avaro, ya que no cumplió con la promesa de la recompensa, y peor todavía era, el haber calumniado al pobre hombre.

El Rabí, mientras se pasaba las manos por su larga barba blanca, reflexionaba. Por fin, citó al rico avaro.

"¿Que cantidad de dinero había en tu bolsa?" - le preguntó.

"Mil ducados."

"¿y cuánto había en la que te entregó este hombre?"

"Sólo había quinientos."

"Entonces, esta bolsa no es la que tú has perdido. Devuélvela a este hombre y espera a que te traigan la tuya."

Con estas palabras el Rabí despidió a los querellantes. Y el avaro, con dolor en su alma, tuvo que entregar la bolsa al pobre, pues no se debe ofrecer lo que no estamos dispuestos a cumplir.

*Este cuento nos muestra cómo la avaricia afecta a la gente que rodea al avaro  En un mundo donde los recursos son limitados, quien posee gran parte de ellos, directa o indirectamente se los está quitando a otros.  Es por eso que mientras hay países ricos, hay otros que sus habitantes pasan hambre. En estos casos, solamente actuar de forma sabia, como el Rabí, puede ser justo y repartir equitativamente.

Mulla ¿Por qué estoy aquí?


Una noche Mulla Nasrudin caminaba por una calle. La calle estaba solitaria y de repente se dio cuenta de que unos hombres a caballo, una especie de tropa se dirigían hacia él. Su mente comenzó a trabajar. Pensó que podían ser asaltantes, que podían matarle. O que podían ser soldados del rey y que podían llevárselo para que prestara el servicio militar o cualquier otra cosa. Se asustó y cuando los caballos y el ruido que formaban se le acercaron, se puso a correr y entró en un cementerio, y para poder esconderse se tumbó en una fosa abierta.

Al ver a aquel hombre corriendo, los jinetes, que eran simples viajantes, se dieron cuenta de lo que había sucedido. Corrieron tras Mulla Nasrudin y se acercaron a la tumba en que estaba. El yacía con los ojos cerrados como si estuviera muerto. « ¿Qué te sucede? ¿Por qué te has asustado tanto de repente? ¿Qué pasa?» Entonces Mulla Nasrudin se dio cuenta de que se había asustado a sí mismo sin motivo. Abrió sus ojos y dijo, «Es algo muy complejo, muy complicado. Si insistís en preguntarme porqué estoy aquí, os lo diré. Estoy aquí por vuestra culpa y vosotros estáis aquí por la mía».

*Los cuentos de Mulla son típicos de la tradición Sufí. De hecho son unos de los cuentos que más me gustan por el hecho de que muestra situaciones más o menos absurdas que son producidas por personas absurdas. En este caso  podemos aprender que en situaciones de estrés, de incertidumbre o ansiedad, suelen aparecer antiguos fantasmas que tenemos enterrados, viejos miedos que aunque quizá no tienen mucho que ver con la situación aparecen para asustarnos.

!Qué suerte!


Un hombre, morbosamente apasionado por el juego, había pasado una vez más, toda la noche en un casino. Salió del lugar totalmente rendido... estaba a punto de amanecer. Cuando el cielo se tiñó de rojo y el sol empezó a salir, sintió un escozor en sus ojos somnolientos. Vio un gran árbol en el jardín y decidió sentarse a sus pies para descansar un rato antes de volver a casa. En un abrir y cerrar de ojos, el jugador cayó en un sueño profundo. Durmió todo el día y toda la noche.

Había dormido exactamente 24 horas cuando se despertó. Era el alba, y el sol estaba empezando a subir al cielo.

- ¡ Que suerte ! -exclamó contento- casi me duermo.


* En este cuento podemos extraer dos lecciones:

1ª- Casi siempre vemos el mundo a través de nuestros ojos y lo vemos como queremos, sin darnos cuenta que la vida en muchos casos nos marca caminos que no habíamos pensado.

2º- Hay que escuchar a nuestro cuerpo y darle lo que quiere. El cuerpo debe ser tratado como un templo. Bien alimentado, bien cuidado y bien descansado... con esto ya consigues el 50% de la felicidad.

Los secretos de nuestra casa

Cierto día, una mujer estaba en la cocina y al avivar el fuego, dejó caer ceniza encima de su perro.

El perro se quejó:

– ¡Señora por favor no me queme!
Ella quedó espantada: ¡un perro hablando! Hasta parecía mentira….

Asustada, decidió pegarle con el cucharón con que revolvía la comida.  Pero el cucharón también habló:

– El perro no me hizo nada malo, ¡no quiero pegarle!

La mujer ya no sabía que hacer y resolvió contarle a sus vecinas lo que había pasado con el perro y el cucharón.  Pero cuando iba a salir de la casa, la puerta, con un aire irritado le advirtió:

– No salgas de aquí y piensa en lo que sucedió.  Los secretos de nuestra casa no deben ser repartidos entre los vecinos.

La mujer prestó atención al consejo de la puerta.  Pensó que todo comenzó porque trató mal a su perro.  Entonces, le pidió disculpas y compartió el almuerzo con el.

* Este cuento está extraído de la web: http://misosoafrica.wordpress.com y como muy bien comentan, este cuento nos enseña reglas de convivencia. De malas actitudes en casa, se genera un problema, si lo sacamos fuera de casa, puede producir un problema en la comunidad. Y lo que puede ser un sencillo problema a resolver, puede convertirse en uno más importante. Respeto, cariño y ponerse en lugar del otro, sería la receta a la gran mayoría de los problemas.

EL ASTUTO EREMITA.


  Era un eremita de muy avanzada edad. Sus cabellos eran blancos como la espuma, y su rostro aparecía surcado con las profundas arrugas de más de un siglo de vida. Pero su mente continuaba siendo sagaz y despierta y su cuerpo flexible como un lirio. Sometiéndose a toda suerte de disciplinas y austeridades, había obtenido un asombroso dominio sobre sus facultades y desarrollado portentosos poderes psíquicos. Pero, a pesar de ello, no había logrado debilitar su arrogante ego. La muerte no perdona a nadie, y cierto día, Yama, el Señor de la Muerte, envió a uno de sus emisarios para que atrapase al eremita y lo condujese a su reino. El ermitaño, con su desarrollado poder clarividente, intuyó las intenciones del emisario de la muerte y, experto en el arte de la ubicuidad, proyectó treinta y nueve formas idénticas a la suya. Cuando llegó el emisario de la muerte, contempló, estupefacto, cuarenta cuerpos iguales y, siéndole imposible detectar el cuerpo verdadero, no pudo apresar al astuto eremita y llevárselo consigo. Fracasado el emisario de la muerte, regresó junto a Yama y le expuso lo acontecido.

  Yama, el poderoso Señor de la Muerte, se quedó pensativo durante unos instantes. Acercó sus labios al oído del emisario y le dio algunas instrucciones de gran precisión. Una sonrisa asomó en el rostro habitualmente circunspecto del emisario, que se puso seguidamente en marcha hacia donde habitaba el ermitaño. De nuevo, el eremita, con su tercer ojo altamente desarrollado y perceptivo, intuyó que se aproximaba el emisario. En unos instantes, reprodujo el truco al que ya había recurrido anteriormente y recreó treinta y nueve formas idénticas a la suya.

  El emisario de la muerte se encontró con cuarenta formas iguales.

Siguiendo las instrucciones de Yama, exclamó:

  --Muy bien, pero que muy bien.

!Qué gran proeza!

  Y tras un breve silencio, agregó:

  --Pero, indudablemente, hay un pequeño fallo.

  Entonces el eremita, herido en su orgullo, se apresuró a preguntar:

  --¿Cuál?

  Y el emisario de la muerte pudo atrapar el cuerpo real del ermitaño y conducirlo sin demora a las tenebrosas esferas de la muerte.

*Un claro ejemplo de que el Ego era el causante de su desgracia.

Contemplación.


Tajima no kami paseaba por su jardín una hermosa tarde de primavera. Parecía completamente absorto en la contemplación de los cerezos al sol. A algunos pasos detrás de él, un joven servidor le seguía llevando su sable. Una idea atravesó el espíritu del joven:

- A pesar de toda la habilidad de mi Maestro en el manejo del sable, en este momento sería fácil atacarle por detrás, ahora que parece tan fascinado con las flores del cerezo.

En ese preciso instante, Tajima no kami se volvió y comenzó a buscar algo alrededor de sí, como si quisiera descubrir a alguien que se hubiera escondido. Inquieto, se puso a escudriñar todos los rincones del jardín. Al no encontrar a nadie, se retiró a su habitación muy preocupado. El servidor acabó por preguntarle si se encontraba bien y si deseaba algo. Tajima respondió:

- Estoy profundamente turbado por un incidente extraño que no puedo explicarme. Gracias a mi larga práctica de las artes marciales, puedo presentir cualquier pensamiento agresivo contra mí. Justamente cuando estaba en el jardín me ha sucedido esto. Pero aparte de tí no había nadie, ni siquiera un perro. Estoy descontento conmigo mismo, ya que no puedo justificar mi percepción.

El joven servidor, después de saber esto, se acercó al Maestro y le confesó la idea que había tenido, cuando se encontraba detrás de él. Humildemente le pidió perdón.

Tajima no kami se sintió aliviado y satisfecho, y volvió al jardín.

* Se dice que está todo conectado, y en la tradición Zen, se puede llegar a cierto grado de percepción que únicamente se consigue mediante la atención, la meditación y la práctica del zen. Si es cierto o no, no lo sé. Pero todo el mundo está invitado a opinar. Yo pongo un poco de mi parte:

“El pensamiento humano, las palabras, la música, las etiquetas en los envases, influyen sobre el agua y ésta cambia a mejor absolutamente. Si el agua lo hace, nosotros que somos 70-80% agua deberíamos comportarnos igual. Debería Vd. aplicar mi teoría a su vida para mejorarla”.  Esto dijo Masaru Emoto, un artista que mostró fotos de partículas de agua que se veían afectadas por los pensamientos negativos y positivos. 

Agua Energia Positiva 

Este experimento contradice el método científico, las teorías físicas y químicas propuestas hasta ahora. Pero sucede o por lo menos, eso nos cuentan.

El fantasma.


Esta es la historia de un joven que no podía dormir casi nunca puesto que un fantasma espectral le aparecía en sueños y le angustiaba revelándole todos los secretos más íntimos que él albergaba, demostrándole así que lo sabía todo acerca de él.

El joven estaba desesperado, hasta el punto que llegó a detestar el momento de acostarse pese al cansancio acumulado. Había visitado doctores y psicólogos, había confesado su problema a amigos, lo había intentado todo, pero sin resultados: el espectro seguía presentándose cada noche y le recordaba todos los rincones más íntimos y dolorosos.

Ya al borde de un colapso nervioso, decidió pedir auxilio de un célebre maestro zen que practicaba en la misma provincia. Fue a ver al maestro que le recibió amistosamente. Tras haberle explicado el dilema, el joven añadió: " Ese fantasma lo sabe todo, absolutamente todo acerca de mí, ¡ incluso conoce mis pensamientos ! No puedo sustraerme a su dominio ". El maestro pensó que la solución no estaba fuera del alcance del chico y le sugirió que hiciera un trato con el fantasma. " Esta noche, antes de acostarte -le dijo- coge un puñado de lentejas al azar y no las sueltes. Luego acuéstate y espera. Cuando el espectro se presente proponle un trato. Dile que si adivina cuántas lentejas tienes en la mano será para siempre tu dueño y que si no lo adivina deberá desaparecer para siempre. Vamos a ver que pasa ".

El chico procedió del modo que le aconsejo el maestro. Poco después de acostarse el fantasma apareció y le dijo: " Sé que intentas librarte de mí. También sé que te has ido a ver aquel bobo del monje zen para que te ayude a echarme, pero tus esfuerzos no te servirán para nada "." Bueno -respondió el joven- ya sabía que me habrías descubierto, así como supongo que indudablemente sabrás cuantas lentejas tengo en el puño ". El fantasma desapareció para no volver nunca jamás. Lo que no sabía el chico no lo podía saber su fantasma.

*Hay que saber desprenderse de sentimientos y recuerdos que nos atormentan. En ocasiones los guardamos y sin saber como deshacernos de ellos, los retenemos y contra más luchamos contra ellos, más fuertes se hacen. El truco consiste en saber que en estos casos, más vale maña que fuerza. De nada sirve luchar contra nosotros mismos, porque mientras más luchamos, más fuerte nos hacemos. Así que en estos casos es dejar que aparezcan los pensamientos, familiarizarnos con los sentimientos que nos producen sin uir de estos... con el tiempo se diluirán.


No hay que presionar el momento.


Este suceso ocurrió entre dos hermanos quienes heredaron una cuantiosa riqueza de su padre, la cual se repartieron entre ambos.

Resultando que cada uno comercializaba por su cuenta con la parte que le tocó y tenían mucho éxito en sus empresas, y comían y bebían, cada uno en su casa como es la costumbre de los grandes potentados.

Sucedió que al cabo de algunos años, la suerte de ambos tornó un giro adverso, llegó una época en la que invertían y perdían capital, a pesar que cada uno operaba en un rubro diferente y por separado.

Y he aquí que uno de ellos cuando vio que ya perdió mucho dinero en la quinta y sexta inversión consecutiva que realizó, consideró la posibilidad de proseguir sus negocios solicitando algunos créditos.

Consiguió una suma considerable y realizó inversiones muy grandes, a tal punto que si su capital que le había quedado después de la mala racha era de diez mil monedas de oro, ahora su inversión fue de cincuenta mil monedas de oro, ya que tomaba mercadería a crédito y enviaba hacia uno y otro lugares, pues pensaba que si pierde en uno de los negocios, en el otro ganaría.

Solo que no le salió bien tampoco este intento y siquiera uno de todos los negocios le dio ganancias, por el contrario, las pérdidas fueron catastróficas, dejando un saldo completamente negativo, ya que perdió las diez mil monedas de oro que le habían quedado, y además su deuda actual se elevó a más de diez mil monedas de oro adicionales que tendría que pagar.

Sin embargo su hermano, cuando vio que la suerte no le sonreía, y perdió en la sexta y séptima operación realizada, se retiró del mercado, y la mercadería que le había quedado, la convirtió en dinero en efectivo, es decir, monedas de oro; además, vendió sus propiedades, utensilios, adornos y alhajas de su mujer. Y todo lo enterró bajo tierra, y se dirigió hacia lo de cierto comerciante, y se ofreció a trabajar como empleado suyo en su negocio, a cambio de paga suficiente para la alimentación de él y su familia en forma ajustada. Y desempeñó funciones en esta actividad cinco y también el sexto año.

Y he aquí, que cierto día en uno de sus jornadas de labor realizando un servicio para su patrón, llegó a su mano una muy importante ganancia para su empleador, y por esa causa, éste le otorgó en carácter de obsequio, la suma de cien monedas de oro. Al día siguiente, circulaba por las calles de la ciudad camino a la feria, y halló la suma de cincuenta monedas de oro.

La semana posterior, sucedió que adquirió una vieja y pesada prenda de vestir hecha con retazos anexados por valor de cincuenta centavos.

Llegó a su casa, descosió las partes, y halló adentro una bolsita llena de perlas que valían mil monedas de oro.

Por cuanto que le sucedieron estos acontecimientos afortunados por tres veces consecutivas, comprendió que su suerte dio un vuelco hacia el lado positivo, por lo que fue y desenterró el dinero que había ocultado en la tierra, e hizo con él inversiones en mercaderías varias.

Y todo lo que intentaba, le salía bien, obtenía buenas ganancias. Compró lujosos utensilios para su casa y valiosos adornos y joyas para su mujer y su casa y vivía como los grandes potentados.

Tenemos que su hermano, que presionó el momento solicitando créditos y realizando más actividades comerciales que antes, luego que vio el cambio de la suerte, el momento lo presionó a él, ya que no le quedó nada y se hizo poseedor de una enorme deuda, pero aquel que fue presionado por el momento y desistió de todo intento comercial y ocultó todo su dinero en la tierra y se buscó un trabajo de empleado, el momento lo favoreció, ya que retornó su buena suerte y se benefició.

Tenemos que todo el que presiona al momento, el momento lo presionará, y a la inversa, quién acepta la presión del momento sin oponerse, finalmente éste lo favorecerá.

Granadas para curar.


Un estudiante fue con un maestro para aprender el arte de curar. Vieron venir a un paciente y el maestro dijo:

-Este hombre necesita granadas para curar.

El estudiante recibió al paciente y le dijo:

-Tiene usted que tomar granadas, es todo lo que necesita.

El hombre se fue protestando y probablemente no consideró en serio el consejo. El estudiante corrió a su maestro y preguntó qué es lo que había fallado. El maestro no dijo nada y esperó a que de nuevo se dieran las circunstancias.

Pasó un tiempo y el maestro dijo de otro paciente:

-Ese hombre necesita granadas para curar, pero esta vez seré yo quién actúe.

Le recibió y se sentaron, hablaron de su familia, de su trabajo, de su situación, dificultades e ilusiones. El maestro con aire pensativo dijo como para sí mismo:

-Necesitarías algún fruto de cáscara dura, anaranjada, y que en su interior contenga granos jugosos de color granate.

El paciente interrumpió exclamando:

-¡Granadas!, ¿y eso es lo que podría mejorarme?.

El paciente curó y el estudiante tuvo una ocasión más para aprender.

* El remedio es la mitad de la cura, la otra mitad es la respuesta de aquel a quien se cura. Pero no solo eso, este cuento nos habla de la sabiduría de un maestro que la experiencia le hace entender que cualquier persona acepta mejor una idea si viene de él mismo que si viene desde fuera.

Un regalo para Buda.

En una ocasión cuando Buda estaba predicando su doctrina, un hombre se le acercó y comenzó a insultarlo e intentar agredirlo pero Buda se mantuvo en un estado de imperturbable serenidad y silencio. Cuando hubo terminado su acción, se retiró.
Un discípulo que se sintió indignado por los insultos que el hombre lanzó contra Buda le preguntó porqué dejó que lo maltratara y lo agrediera.
A lo que Buda respondió con segura tranquilidad: -“Si yo te regalo un caballo pero tú no lo aceptas ¿de quién es el regalo?”
El discípulo contestó: -“Si no lo acepto, sería tuyo todavía”.
Entonces Buda respondió: -"Bueno. Estas personas emplean parte de su tiempo en regalarme sus insultos, pero al igual que un regalo, yo elijo si quiero aceptarlo o no. Los insultos son como regalos: si lo recoges, lo aceptas; si no lo recoges, quien te insulta se lo queda en sus manos. No podemos culpar al que insulta de nuestra decisión de aceptar su regalo. Por esa misma razón, esos insultos son para mí como un regalo que elijo no recoger. Simplemente los dejo en los mismos labios de donde salen.”

* Realmente ya Buda explica en esta anécdota lo que es una verdad como un templo. Soy yo el que elige enfadarse, el que elige sufrir. Como dice un adagio Budista: "el dolor es inevitable, el sufrimiento no".

¿Por qué la garza tiene el cuello torcido?


Un día que el chacal estaba cazando vió una paloma que volaba sobre él. El chacal, gritándole le dijo : "Oye, paloma, tengo hambre. Tírame a una de tus crias".

‘No quiero que te comas a una de mis crias', dijo la paloma.

‘Entonces volaré hasta donde tí, y te comeré a tí también', contestó el chacal. Asustada la paloma, dejó caer a una de sus crias, y el chacal se escapó con ella entre sus tientes. Al día siguiente, el chacal amenazó a la paloma con el mismo destino, y otro bebé pájaro bajó a su garganta.

La mamá paloma lloraba sin consuelo hasta que pasó una garza y al verle llorando le preguntó :

‘¿Por qué lloras? '.

‘Lloro por mis pobres bebés', contestó la paloma. ‘Si yo no se los doy al chacal, él volará hasta aquí y me devorará también. '

‘Eres un pájaro tonto, ' replicó la garza. ‘¿Cómo puede volar hasta aquí si no tiene alas? No debes hacer caso de sus tontas amenazas. '

Al día siguiente, cuando volvió el chacal, la paloma se negó a darle otra de sus crias. ‘La garza me ha dicho que usted no puede volar, ' le dijo.

‘Que la garza tan entrometida, ' murmuró el chacal, ‘ya verá como me las paga por tener la lengua tan larga. '

Cuando el chacal encontró a la garza que buscaba ranas en un estanque, el chacal le dijo:

‘Con ese cuello tan lago que tienes, ¿que haces para evitar que se te rompa por la mitad cuando sopla el vient? '

‘Lo bajo un poco, ' dijo la garza, a la vez que bajaba un poco su cuello.

‘Y ¿cuándo el viento sopla más fuerte? '

‘Entonces lo bajo un poco más. ' dijo la garza, bajando un poco más su cuello.

‘Y ¿cuándo hay un gran vendaval? '

‘Entonces lo bajo aún más, ' dijo la el pájaro tonto bajando la cabeza hasta el borde del agu

Entonces, el chacal saltó sobre su cuello y sonó un crujido al rompérselo por la mitad. Y desde ese día, la garza tiene su cuello torcido.

* El chacal es un animal de naturaleza egoísta y traicionera, y en el mundo hay personas que son así, y algunas veces eso conlleva enfrentamientos. Hay que ser fuerte para no dejarse llevar por el miedo a las críticas y al rechazo de personas que pueden no apreciarnos y moverse únicamente por el propio egoísmo.

EL YOGUI EN EL CAMINO.


  Era un yogui errante que había obtenido un gran progreso interior.

Se sentó a la orilla de un camino y, de manera natural, entró en éxtasis.

Estaba en tan elevado estado de consciencia que se encontraba ausente de todo lo circundante. Poco después pasó por el lugar un ladrón y, al verlo, se dijo: “Este hombre, no me cabe duda, debe ser un ladrón que, tras haber pasado toda la noche robando, ahora se ha quedado dormido. Voy a irme a toda velocidad no vaya a ser que venga un policía a prenderle a él y también me coja a mí”. Y huyó corriendo. No mucho después, fue un borracho el que pasó por el lugar.

Iba dando tumbos y apenas podía tenerse en pie. Miró al hombre sentado al borde del camino y pensó: “Éste está realmente como una cuba. Ha bebido tanto que no puede ni moverse”.

Y, tambaleándose, se alejó. Por último, pasó un genuino buscador espiritual y, al contemplar al yogui, se sentó a su lado, se inclinó y besó sus pies.

*Decía un sabio contemporáneo que los males del hombre son causados porque no viven en el mundo, sino en su mundo. Y así como el ladrón ve a un ladrón y el borracho ve a otro borracho, únicamente uno libre de prejuicios es capaz de vez la realidad como se muestra.

Hay un dicho español que dice: piensa el ladrón que todos son de su condición.

Prosperidad natural.


Un hombre rico le pidió a un maestro de Zen que escribiera algo que pudiera alentar la prosperidad de su familia para los años a venir. Sería algo que la familia pudiera abrigar por generaciones.

En un gran pedazo de papel, el maestro escribió, “El padre muere, el hijo muere, el nieto muere”.

El hombre rico se enojó cuando vio el trabajo del maestro. “Le pedí que anotara algo que pudiera traer felicidad y prosperidad a mi familia. ¿Por qué me da algo tan deprimente?”.

“Si su hijo muriera antes que usted”, contestó el maestro, "traería una pena insoportable a su familia. Si su nieto muriera antes que su hijo, también traería un gran dolor. Si su familia, generación tras generación, desaparece en el orden que he descrito, será el curso natural de la vida. Esta es la verdadera felicidad y prosperidad”.

* Este cuento no se refiere en concreto a una situación en especial. Se refiere a una actitud hacia la vida, un modo de vivir. Nos separamos de la vida cuando la intentamos cogerla, atraparla para disfrutarla al máximo, como si hubiera algo que coger. Hay que fluir con ella, entenderla y estar lo suficientemente atento para adaptarse al curso natural de la vida... aunque no sea lo que en principio queremos.

Gallito de pelea.


En el libro de Chuang-Tzu se cuenta que Chi Hsing Tzu entrenaba un gallo de pelea para el rey Hsuan. Era un gallo fino.

A diez días de comenzado el entrenamiento, el rey le preguntó si el gallo estaba listo para combatir. «Aún no», respondió el entrenador. «Es fuerte y está lleno de fuego, dispuesto a pelear con cualquier otro gallo. Es vanidoso y confía demasiado en su coraje».

Diez días más tarde, contestó de nuevo: «Todavía no. Apenas escucha el canto de otro gallo le entra una rabieta y quiere pelear».

Otros diez días más: «Aún no. Todavía manifiesta cierta rabia en sus gestos e hincha el plumaje».

Y pasaron otros diez días: «Ya está casi listo. Aunque vea o escuche cantar a otros gallos, se mantiene tranquilo. Nada lo altera. Parece un gallo de madera. Su actitud es poderosa. Los demás gallos no se atreverán a aceptar su desafío».

Llego el día del torneo, a donde acudieron muchos gallos. Pero las demás aves no se atrevían a aproximarse al gallo del rey. Huían como gallos patarucos ante este formidable animal, que poseía una tremenda fuerza interna y la proyectaba a través de su serenidad.

*Este cuento nos habla de la fuerza interior. Quien se siente fuerte no tiene que demostrarlo. Quien se siente seguro, no lo grita a los cuatro vientos. Es el débil, el inseguro, el cobarde el que quiere demostrar a los demás que es fuerte, seguro y valiente.

LA FUERZA DE DJOHA


DJoha, ya de cierta edad, fue a un paseo con sus amigos. Caminando, empezaron a recordar de su juventud y la fuerza que tenía cada uno, cuando eran todavía muchachos.
Dijo uno: - "Cuando yo era un joven, era más fuerte que hoy y podía caminar hasta veinte kilómetros al día, sin parar".
Dijo el otro: - "Cuando yo era un muchacho, rompía un palo grueso con una sola mano".
Dijo el tercero: - "La fuerza de la juventud no es como la de la vejez!"
Dijo Djoha: - "¡No es verdad! Yo soy tan fuerte hoy, como cuando joven".
"¿Qué estas hablando?" - le preguntaron los amigos.
Dijo Djoha: - "Pues esa es la pura verdad. ¡Y puedo demos­trarlo!"
"Entonces, demuéstranos!" - le dijeron los compañeros.
Entretanto, llegaron a un campo. Djoha se acercó a una roca grande y pesada. Quiso levantarla pero, por supuesto, no resultó. Se volvió a sus amigos y les dijo: - "Vieron; ¡aquí está la demostra­ción!"
"¡Pero tú no la levantaste!" - le dijeron los amigos.
Y les contestó Djoha: - "¿Y creen Ustedes que cuando joven, lo hubiese podido hacer?"

* Solemos retener los recuerdos agradables y nos deshacemos de los desagradables. Y por esto añoramos otros tiempos que parecen mejores. lo que sucede si hacemos esto es que no vivimos el presente por recordar el pasado. Lo que sucede es que no vivimos plenamente.

Zorro inválido.


Una vez un hombre vio a un zorro inválido y se preguntó cómo haría para estar tan bien alimentado. Decidió pues, seguirlo y descubrió que se había instalado en un lugar donde solía ir un gran león a devorar a sus presas.

Cuando el león terminaba de comer, se alejaba y entonces el zorro iba y se alimentaba a placer. El hombre se dijo:

-Yo también quiero que el destino me ofrezca de igual manera.

Se marchó a un pueblo y se sentó en una calle cualquiera a esperar. Pasó el tiempo y no sucedió nada, excepto que cada vez estaba más hambriento y débil. Entonces, en su debido momento, escuchó una voz interior que le dijo:

-¿Por qué quieres ser como un zorro que busca la manera de beneficiarse de otros?..., ¿Por qué no ser como un león para que otros se beneficien de ti?

* La vida es para vivirla. No hay que esconderse detrás de subterfugios, ningún pretexto o escusa nos tiene que impedir vivir plenamente la vida. Y aunque las excusas exteriores son la más evidentes, son las interiores, aquellas que nos aportan seguridad o aquellas de las que estamos seguros que son ciertas, las que más nos paralizan. Conocernos nos hace libres.

LA PRUEBA DEL MAESTRO BUDISTA.


-Soy pobre y débil.- dijo un día un maestro a sus discípulos, pero vosotros sois jóvenes, y yo os enseño: es deber vuestro, por lo tanto, conseguir el dinero que vuestro viejo maestro necesita para vivir.

-¿Cómo podemos hacer eso?- preguntaron los discípulos-. Las gentes de esta ciudad son tan poco generosas que sería inútil pedirles ayuda.

-Hijos míos- contestó el maestro-, existe un modo de conseguir dinero, no pidiéndolo, sino cogiéndolo. No sería pecado para nosotros robar, pues merecemos más que otros el dinero. Pero, ¡ay!, yo soy demasiado viejo y débil para hacerlo.

-Nosotros somos jóvenes- dijeron los discípulos- y podemos hacerlo. No hay nada que no hiciéramos por vos, querido maestro. Decidnos sólo cómo hacerlo y nosotros obedeceremos.

-Sois jóvenes- dijo el maestro- y es poca cosa para vosotros el apoderaros de la bolsa de algún hombre rico. Así es cómo débeis hacerlo: escoged algún lugar tranquilo donde nadie os vea, y luego agarrad a un traseúnte y coger su dinero, pero no lo lastiméis.

-Vamos inmediatamente!-, dijeron los discípulos, excepto uno, que había callado, con la mirada baja.
El maestro miró a ese joven discípulo y dijo:

-Mis otros discípulos son valientes y están deseosos de ayudarme, pero a ti poco te preocupa el sufrimiento de tu maestro.

-Perdonadme, maestro- contestó-, pero el plan que nos habéis explicado me parece irrealizabe; éste es el motivo de mi silencio.

-¿Por qué es irrealizable?- preguntó el maestro.

-Porque no existe lugar alguno en el que no haya nadie que nos vea- contestó el discípulo-; incluso cuando estoy solo mi Yo me observa. Antes cogería una escudilla e iría a mendigar que permitir que mi Yo me vea robar.

A estas palabras, el rostro del maestro se iluminó de gozo. Estrechó al joven discípulo entre sus brazos y le dijo: -Me doy por dichoso si uno solo de mis discípulos ha comprendido mis palabras.-
Sus otros discípulos, viendo que su maestro había querido ponerlos a prueba, bajaron la cabeza avergonzados.

Y desde aquel día, siempre que un pensamiento indigno les venía a la mente, recordaban las palabras de su compañero: "Mi yo me ve".

* Son muchas las veces que en la vida nos intentan decir como debemos vivir, como debemos actuar o realizar cualquier cosa e incluso, para colmo, COMO DEBEMOS PENSAR. Pero aunque la fama, el prestigio respalden a los que nos dicen lo que debemos hacer, nunca debemos hacerlo sin pensar por nosotros mismo. Somos nosotros quienes sabemos como vivimos, lo que sentimos, lo que pensamos...    Si queremos vivir como robots, simplemente deja que te digan lo que debes hacer, lo que debes pensar y lo que debes sentir... pero si quieres vivir como un ser humano valiente, independiente y no un mero reflejo, cada decisión que tomes, que sea por convicción propia.

La Leyenda de Osiris


Cuenta le leyenda que Nut (Diosa del Cielo), hija del Dios Ra, el Dios Sol, se enamoró perdidamente del dios Geb (Dios de la Tierra). Cuando Ra se enteró de esta relación, en medio de su furia, prohibió a Nut que en el término de un año de 360 días, tuviera hijos. Nut llamó a su amigo Thoth, para solicitarle ayuda. El deseo de Ra debía cumplirse, pero Thoth tuvo una idea: se casó con la diosa de la Luna, Selene. La luz de Selene fue rival de la luz de Ra. Thoth se sintió triunfante y fue recompensado con la séptima luz de Selene. Esa es la razón por la cual la luna desaparece todos los meses. Thoth tomó su luz y agregó cinco días más al año calendario, haciendo que el año tuviera 365 días. Así, Nut tuvo cinco días para concebir, sin desobedecer la orden de Ra.

Nut tuvo así dos hijos y dos hijas: parió a Osiris (Rey de los muertos y de las fuentes de vida renovadas); a Seth, a Isis (Diosa de la Fertilidad y la Maternidad), y a Neftis.

Cuando Osiris nació, una voz exclamó: “El Rey de todos ha nacido”.

Osiris creció y se convirtió en un gran rey, colaboró con su pueblo, los adiestró en los trabajos agrícolas y en la crianza de los animales, los guió para realizar los códigos de las Leyes, y les enseñó a orar a sus dioses.

Osiris realizó un gran reinado, convirtió a Egipto en una gran Nación. Y el pueblo comenzó a adorar la tierra en donde él pisaba.

Su esposa y hermana Isis siguió los pasos de su esposo en el reinado.

Osiris tenía un gran enemigo, su hermano Seth, envidioso y amargado, quien complotaba contra el rey Osiris.

Un día, Seth logró aliarse con Aso, la reina de Etiopía, y 72 conspiradores. Consiguió las medidas exactas de Osiris y construyó una caja muy bien ornamentada. Realizó un gran banquete al que invitó a Osiris y a los conspiradores. Realizó un convite para ver quién cabía perfectamente en dicha caja. Cuando llegó el turno a Osiris, al entrar cómodamente, le cerraron la caja, con clavos y la arrojaron al río Nilo. (Otras leyendas dicen que lo cortó en pequeños pedazos).

Desde ese día, no se lo volvió a ver al rey Osiris entre los vivos.

Isis hizo embalsamar el cuerpo de su esposo con la ayuda del dios Anubis, quien se convirtió así en el dios del embalsamamiento. Los ruegos y hechizos de Isis resucitaron a Osiris, quien llegó a ser rey de la tierra de los muertos.

Horus, hijo de Osiris (transitoriamente resucitado) e Isis, derrotó posteriormente al traidor Set en una gran batalla erigiéndose en el rey de la tierra.

* La historia de Osiris es uno de los más antiguos mitos egipcios, cuyos orígenes se pierden en el tiempo. Era uno de los dioses más importantes de la mitología egipcia, pues Osiris fue el Rey de Egipto que en su resurrección representó el “Rey de la Muerte”. A él, todos los egipcios esperaban reunirse después de su muerte. También es una explicación del origen del mundo, de como los años consiguieron tener 365 días y sobre todo es la explicación de algo que se repite en todas las tradiciones, en todos los orígenes: la batalla entre el bien y el mal.

El inculto barquero.



  Se trataba de un joven erudito, arrogante y engreído. Para cruzar un caudaloso río de una a otra orilla tomó una barca. Silente y sumiso, el barquero comenzó a remar con diligencia. De repente, una bandada de aves surcó el cielo y el joven preguntó al barquero:

  --Buen hombre, ¿has estudiado la vida de las aves?

  --No, señor -repuso el barquero.

  --Entonces, amigo, has perdido la cuarta parte de tu vida.

  Pasados unos minutos, la barca se deslizó junto a unas exóticas plantas que flotaban en las aguas del río. El joven preguntó al barquero:

  --Dime, barquero, ¿has estudiado botánica?

  --No, señor, no sé nada de plantas.

  --Pues debo decirte que has perdido la mitad de tu vida -comentó el petulante joven.

  El barquero seguía remando pacientemente. El sol del mediodía se reflejaba luminosamente sobre las aguas del río. Entonces el joven preguntó:

  --Sin duda, barquero, llevas muchos años deslizándote por las aguas.

¿Sabes, por cierto, algo de la naturaleza del agua?

  --No, señor, nada sé al respecto.

No sé nada de estas aguas ni de otras.

  --¡Oh, amigo! -exclamó el joven-.

De verdad que has perdido las tres cuartas partes de tu vida.

  Súbitamente, la barca comenzó a hacer agua. No había forma de achicar tanta agua y la barca comenzó a hundirse. El barquero preguntó al joven:

  --Señor, ¿sabes nadar?

  --No -repuso el joven.

  --Pues me temo, señor, que has perdido toda tu vida.

*Ante el ego, disfrazado de sabiduría, lo mejor es la realidad. Para ver una rosa, no hace falta decir que es una rosa. Sentirse seguro y esconderse detrás de conocimientos, cifras o datos es solo una forma de ser cobarde.

Meditación zen.


Una historia tibetana cuenta que un estudiante de meditación, mientras meditaba en su habitación, creía ver a una araña descendiendo en frente de él. Cada día la criatura amenazadora volvía, creciendo más y más cada vez. Tan asustado estaba estudiante, que fue donde su profesor a contarle su dilema. Le dijo que planeaba colocar un cuchillo en su regazo durante la meditación, así cuando apareciera la araña la mataría. El profesor le aconsejó en contra de este plan. En su lugar, le sugirió que trajera un pedazo de tiza a la meditación, y que cuando apareciera la araña, marcara una X en vientre de la araña. Y que luego le contara.

El estudiante volvió a su meditación. Cuando apareció la araña otra vez, se opuso al impulso de atacarla, e hizo lo qué el maestro sugirió. Cuando más tarde fue a contarle al maestro como le había ido, el profesor le dijo que se levantara su camisa y mirara su propio vientre. Ahí estaba la X.

* Este cuento es propio de la sabiduría zen. La comprensión del Ego produce su eliminación, pero para ello, uno debe deshacerse de sus puntos de apoyo, creencias e ideas preconcebidas. Muchas veces, el miedo que tenemos a las cosas, a las situaciones, a las personas, etc, se deben más bien a lo que nosotros interpretamos de ellas, a nuestros recuerdos e ideas sin conocer bien aquello que tememos. Hay personas que tienen miedo a cosas verdaderamente inofensivas, como a los pájaros, al exterior, a las alturas, etc... Cuando vemos a estas personas desde fuera, vemos que ese miedo no se relaciona con un peligro real, sino que son ideas equivocadas que para ellos son reales. Nosotros también tendremos nuestros miedos, nuestras ideas equivocadas que para nosotros son reales y por tanto debemos superarlas.

Los dos monjes y la chica.


Dos monjes estaban peregrinando de un monasterio a otro y durante el camino debían atravesar una vasta región formada por colinas y bosques.

Un día, tras un fuerte aguacero, llegaron a un punto de su camino donde el sendero estaba cortado por un riachuelo convertido en un torrente a causa de la lluvia. Los dos monjes se estaban preparando para vadear, cuando se oyeron unos sollozos que procedían de detrás de un arbusto. Al indagar comprobaron que se trataba de una chica que lloraba desesperadamente. Uno de los monjes le preguntó cuál era el motivo de su dolor y ella respondió que, a causa de la riada, no podía vadear el torrente sin estropear su vestido de boda y al día siguiente tenía que estar en el pueblo para los preparativos. Si no llegaba a tiempo, las familias, incluso su prometido, se enfadarían mucho con ella.

El monje no titubeó en ofrecerle su ayuda y, bajo la mirada atónita del otro religioso, la cogió en brazos y la llevó al otro lado de la orilla. La dejó ahí, la saludó deseándole suerte y cada uno siguió su camino.

Al cabo de un rato el otro monje comenzó a criticar a su compañero por esa actitud, especialmente por el hecho de haber tocado a una mujer, infringiendo así uno de sus votos. Pese a que el monje acusado no se enredaba en discusiones y ni siquiera intentaba defenderse de las críticas, éstas prosiguieron hasta que los dos llegaron al monasterio. Nada más ser llevados ante el Abad, el segundo monje se apresuró a relatar al superior lo que había pasado en el río y así acusar vehementemente a su compañero de viaje.

Tras haber escuchado los hechos, el Abad sentenció: "Él ha dejado a la chica en la otra orilla, ¿tú, aún la llevas contigo?".

*Este tan conocido cuento nos muestra como alguna veces acarreamos con el pasado. Tenemos ideas, experiencias, nos hacemos ilusiones y acumulamos desdicha y resentimiento. Pero si realmente queremos, podemos deshacernos de todo este peso y vivir el presente de una forma más ligera y fresca.

Rey salomón y un padre.


El Rey Salomón solía vestirse como un hombre común, ir a pasear, mirar y escuchar a los hombres y conversar con ellos.
Una vez se acercó a una casa de donde salía música y canto. Quiso saber, qué estaba pasando. Entró, le ofrecieron vino y dulces, porque justamente se estaba celebrando la circunsicion del hijo del dueño de la casa.
Pasó el tiempo, unos 20 ó 25 años. El Rey salió a pasear y decidió entrar, una vez más, a la misma casa. Dijo que quería saber que pasó con el hijo nacido un poco antes de su visita anterior. El padre contó que el hijito ahora es un jovencito, bien crecido, que viste la camisa y zapatos de su papá y trabaja junto con los otros miembros de la familia.
Pasaron otros 20 ó 25 años. El Rey visitó la casa de nuevo y vio al padre del jovencito llorando.
"¿Qué pasó? ¿Por qué estás llorando? ¿Dónde está el joven?"
"Ay", - dijo el hombre, - "Primero, he tenido mucha alegría. Luego, nos hicimos amigos y socios en el trabajo. Ahora, se adueñó de mi casa y de mi tierra. Ya no me necesita, por lo menos así lo cree; me ha marginado de todo. No pide, ni acepta mi opinión o mis consejos. Eso me duele mucho."

Este cuento judío nos enseña ha que debemos empatizar, ha ponernos en el lugar de las personas mayores que en esta sociedad que parece que solo tiene valor lo nuevo y "lo último", en una sociedad que apartamos a las personas mayores como si fueran un estorbo. Seguramente, si escucháramos más la voz de la experiencia, estas sociedades serían más sabias.


El sufí y el relato de Holaku.


Un maestro sufí fue visitado por un cierto número de personas de diversos credos que le dijeron:

"Acéptanos como discípulos tuyos, ya que vemos que no queda ninguna verdad en nuestras religiones, y estamos seguros de que tú enseñas el único camino verdadero."

El sufí contestó:

"¿No habéis oído hablar del mongol Halaku Khan y de su invasión de Siria. Permitidme que os cuente. El visir Ahmad del califa Mustasim de Bagdad invitó al mongol a invadir los dominios de su señor. Cuando Halaku ganó la batalla de la conquista de Bagdad, Ahmad salió a su encuentro para ser recompensado. Halaku le preguntó: "¿Buscas tu recompensa?", y el visir respondió: "Sí."

"Halaku le dijo:

"Has traicionado a tu propio señor conmigo, y todavía esperas que yo confíe en que seas fiel hacia mí". Tras decir esto, ordenó que Ahmad fuese colgado.

"Antes de pedir a alguien que os acepte, preguntaos a vosotros mismos si se trata simplemente de que no habéis seguido el camino de vuestro propio maestro. Si estáis satisfechos con la respuesta, entonces venid y pedid ser aceptados como discípulos."

* Las relaciones personales en las que hay intereses de por medio, no son relaciones reales, no son relaciones fructíferas en el camino del crecimiento como personas independientes y sabias. Cuando hay interés, este actúa como un filtro que empaña la capacidad empática de las personas y por tanto no ves a la persona tal y como es. Esto es lo que vio Halaku del visir, vió una persona que no tenía una relación con su califa, un interesado.

Cuento extraído de : http://www.indiga.org/

El avaro castigado.


Había una vez un hombre muy rico: tenía muchas mujeres -como el Corán permite a los musulmanes- un gentío de servidumbre, un palacio con pórticos de mármol y jardines donde el agua jugaba en fuentecillas revestidas de mosaicos de oro.

Este hombre, absorbido de la administración de sus bienes, era inteligente y tenaz en el trabajo. Desgraciadamente tenía un solo ideal: el dinero. Cuando un mendigo se presentaba a su puerta, lo echaba de mala manera diciéndole: “trabaja, y serás rico como yo”, su avaricia era tal que también prohibía a sus familiares cualquier gesto de generosidad.

Más también para él llegó el día en que, como acontece a cada mortal tuvo que morir.

En espera del juicio, las lamas de los muertos quedan cerradas en una habitación de la que pueden mirar por una ventanilla hacia el paraíso o el infierno, objetos de su esperanza o destrucción. En aquellas celdas se encuentran un poco de provisiones. Sin embargo nuestro hombre, fue cerrado en la celdilla sin ventana y en la que no había ni una escudilla de agua.

Desdeñado, empezó a protestar y a gritar en contra del trato inhumano reservado a él, así que Sidma, el guardián, fue a preguntarle la causa de sus protestas.

-         ¡Me han encerrado en una habitación oscura y sin provisiones! –gritó el pobre

-         ¿No lo sabías? –respondió sorprendido el guardián- si tú hubieses pensado en prepararte alguna provisión cuando estabas en la tierra, ahora la encontrarías aquí.

Nuestro avaro puesto en aprietos delante a la prueba evidente de su negligencia para la vida futura, suplicó a Sidma de obtenerle de Dios el permiso de regresar un mes a la tierra para enmendarle. El guardián le consiguió dos meses de tiempo y lo reenvió a la tierra, con el pacto de que no revelase a nadie el privilegio excepcional.

Retornado entre los suyos, que pensaron que se había curado en el último instante de la enfermedad, se puso a comprar cantidades de harina, aceite, miel, almendras, azúcar y otros productos. Movilizó a todas las mujeres del pueblo a preparar galletas, bizcochos crujientes, tortas y -supremo objeto de su gula- una gran cantidad de “kak”, pequeñas rosquillas tan buenas de comer con el té.

Había tomado a su servicio un panadero que, con ayuda de algunos ayudantes trabajaban día y noche cocinando dulces. Se vieron bien pronto colgar por los muros y por las vigas del palacio largos collares de rosquillas “kak”, mientras las mesas se llenaban de tortas y bizcochos. Mirando crecer las provisiones de día en día, nuestro hombre se llenaba las manos pensando que tenía para comer por toda la eternidad.

Llegó finalmente el día de la licencia, y sucedió que la última horneada de bizcochos “kak”, tal vez por el cansancio del hornero, se quemó. Propiamente, en aquel instante un mendigo tocó a la puerta. El avaro, esta vez consintió en darle un dulce, pero escogió para el mendigo, el más quemado entre los que se habían quemado en la última horneada, un pequeño “kak” negro y hundido como un pedazo de carbón.

Después de algún instante llegó Sidma que lo volvió a llevar a la celda de espera. El hombre creyó que encontraría la montaña de provisiones que se había preparado en la tierra. Con desesperada sorpresa lo que encontró fue el dulce quemado que ofreció al mendigo. Entonces entendió... era muy tarde!

*En este mundo codicioso y avaro en el cual lo único que parece importar es el dinero, está bien recordar que la riqueza que acumulemos, no es más que una ilusión. Acumular en sí es un error. Porque no sólo retenemos riquezas, también retenemos como parte de nuestro patrimonio prejuicios, dolores psicológicos, malos recuerdos, experiencias pasadas... y... realmente, de las únicas cosas que debemos retener es saber que todo pasa: Lo bueno... pero también lo malo.