LA DEUDA CON EL VECINO.



Había una vez dos amigos que al mismo tiempo eran vecinos. Un día uno le pidió al otro cinco mil ducados prestados, prometiendo devolvérselo el jueves de la otra semana.

Llegó la noche del miércoles. y quien había pedido prestado, no podía dormir. Estaba intranquilo, muy nervioso. Su mujer, al ver esto, le preguntó:

"¿Qué te pasa. Moshe?"

El marido le contestó: - "Pasa, que le he pedido prestados cinco mil ducados a Jacobo y le prometí pagárselos mañana. Lamentable­mente, no pude reunir la plata y esto me molesta tanto, que ni siquiera me deja dormir".

"Espera." - le dijo la mujer.  Se acercó a la ventana y llamó a su vecino Jacobo. Este se levantó y le preguntó medio dormido:

"¿Qué pasa, Rivka?"

"Sabes." - contestó ella. - "que mi marido debiera pagarte mañana los cinco mil ducados que tú le prestaste. Bueno, pues tengo que avisarte que no podrá pagarlos por el momento." - Cerró la ventana con mucho apuro. Y. volviéndose hacia su marido, le dijo:

"Ahora, será él quien no podrá dormir."

*En este cuento, podemos sacar una lección clara. Muchas veces, los que más nos exigimos somos nosotros mismos. Cuando intentamos hacer alguna cosa, y no lo conseguimos aun haciéndolo con todas nuestras fuerzas. Solemos sentirnos defraudados con nosotros mismos. Pero debemos entender que no siempre se puede hacer lo que queremos y, preocuparse en exceso no soluciona nada cuando no hay solución.

LA SOPA DE PATO.


Cierto día, un campesino fue a visitar a Nasrudin, atraído por la gran fama de éste y deseoso de ver de cerca al hombre mas ilustre del país. Le llevó como regalo un magnífico pato. El Mula, muy honrado, invitó al hombre a cenar y pernoctar en su casa. Comieron una exquisita sopa preparada con el pato.

A la mañana siguiente, el campesino regresó a su campiña, feliz de haber pasado algunas horas con un personaje tan importante. Algunos días más tarde, los hijos de este campesino fueron a la ciudad y a su regreso pasaron por la casa de Nasrudin. - Somos los hijos del hombre que le regaló un pato - se presentaron. Fueron recibidos y agasajados con sopa de pato.

Una semana después, dos jóvenes llamaron a la puerta del Mula. - ¿Quiénes son ustedes? - Somos los vecinos del hombre que le regaló un pato. El Mula empezó a lamentar haber aceptado aquel pato. Sin embargo, puso al mal tiempo buena cara e invitó a sus huéspedes a comer.

A los ocho días, una familia completa pidió hospitalidad al Mula. - Y ustedes ¿quiénes son? - Somos los vecinos de los vecinos del hombre que le regaló un pato. Entonces el Mula hizo como si se alegrara y los invito al comedor. Al cabo de un rato, apareció con una enorme sopera llena de agua caliente y llenó cuidadosamente los tazones de sus invitados. Luego de probar el líquido, uno de ellos exclamó: - Pero... ¿qué es esto, noble señor? ¡Por Alá que nunca habíamos visto una sopa tan desabrida! Mula Nasrudin se limito a responder: - Esta es la sopa de la sopa de la sopa de pato que con gusto les ofrezco a ustedes, los vecinos de los vecinos de los vecinos del hombre que me regaló el pato.

* Esta historia del mítico personaje de Mulla Nasrudin, nos
enseña que hay veces que en la vida que debemos decir que no. Cuando somos pequeños nos educan para obedecer, pero a medida que crecemos tenemos que empezar a tomar nuestras propias decisiones, aunque nos equivoquemos y aunque no podamos contentar a todos.