LA MUJER PERFECTA.

Sariputta era uno de los más grandes discípulos del Buda y llegó a ser un iluminado de excepcional sabiduría y sagaz visión.

Viajaba propagando la enseñanza, y cierto día, al pasar por una aldea de la India, vió que una mujer sostenía en una mano un bebé y con la otra estaba dando una sardina a un perro.

Con su visión clarividente e intemporal pudo ver quíenes fueron todos ellos en una pasada existencia.

Se trataba de una mujer casada con un cruel marido que la golpeaba a menudo. Se enamoró de otro hombre, pero entre su padre y su marido, poniéndose de acuerdo para ello, le dieron muerte.

Ahora la mujer mantenía a un bebé en sus brazos, su antiguo amante, que fuera asesinado. La sardina era su despiadado marido, y el perro, su padre.

Todos habían vuelto a reunirse en la presente vida, pero en condiciones muy distintas.

Nadie puede escapar a sus acciones, tal es el designio del karma.

* Los cuentos budista hacen referencia a la tradición y cultura budista, narraciones que tratan de inculcar el pensamiento budista y transmitirlo a las siguientes generaciones. La rueda de la vida, el renacer millones de veces y el Karma son los protagonistas necesarios para explicar la sabiduría interpretada de Buda.

Buda rompe con la rueda de las reencarnaciones para llegar al nirvana. Muchos expertos consideran el renacer como una interpretación del Ego. El egoísmo como una parte que daña a la persona y a los que le rodean, y que si nos dejamos llevar por los impulsos egoístas podemos tener consecuencias en otras vidas.

EL HUEVO DEL AVESTRUZ.

Imagen extraída de http://huevosdeavestruz.blogspot.com.es/
Apenas le llegaba a la rodilla, constituyendo esta prenda su único vestido. Seetelané Cierto día que salió a cazar ratones silvestres como de costumbre, tropezó de pronto con un huevo de avestruz. Lo llevó rápidamente a su hogar y reanudó seguidamente la caza. Cuando regresó, fatigado por la dura jornada y hambriento, ya que sólo había conseguido cazar dos miserables ratones, se encontró la mesa puesta y sobre ella un apetitoso voala de harina de mijo y carne de cordero lechal. Asombrado, exclamó: - ¿Me habré casado, sin saberlo?... Esta comida es obra de una mujer, sin duda alguna... ¿Eh, dónde está la mujer que ha hecho esto? En aquel momento se abrió el huevo de avestruz que recogiera y salió de él una doncella hermosísima.

Me llamo Seetetelané - dijo con dulce voz -. Permaneceré a tu lado hasta que, en un momento Seetelané de embriaguez, me llames hija de huevo de avestruz. Si lo hicieras, desapareceré y no volverás jamás a verme. El cazador de ratones salvajes prometió solemnemente no embriagarse en su vida y durante varios días gozó de una existencia paradisíaca en compañía de su bella esposa, que le narraba cuentos maravillosos y le confeccionaba platos exquisitos. Un día, viendo que se aburría, le dijo: - ¿Te gustaría convertirte en jefe de tribu y tener esclavos, animales y servidores? - ¿Serías tú capaz de proporcionármelos? - preguntó él incrédulo. Seetetelané sonrió.


Acto seguido dio una patada en el suelo y la tierra se abrió, surgiendo de ella una caravana de esclavos con camellos, caballos, mulos, bueyes, carneros y cabras, así como gran número de hombres y mujeres que inmediatamente empezaron a aclamar al cazador de ratones, gritando con todas sus fuerzas: ¡Viva nuestro jefe! ¡Viva nuestro jefe! El hombre se pellizcaba las mejillas para convencerse de que no soñaba. Seetetelané, sonriendo, le hizo mirarse en las aguas de un riachuelo y se dio cuenta de que estaba joven y apuesto, y que su tseha de pieles, de ratones se había transformado en riquísimos vestidos de pieles de chacal, de pelo largo y de mucho abrigo.

 Cuando volvieron a la choza, ésta se había convertido en una casa de piedra y madera con cuatro recintos y su habitación estaba llena de pieles de pantera, cebra, chacal y león. Estuvo a punto de desmayarse al ver tanta riqueza. Durante dos semanas se condujo como un verdadero jefe, haciendo equitativa justicia entre los suyos y dando ejemplo de sabiduría, enseñándoles a trabajar la tierra y a cazar o a erigir cabañas de troncos y hojas. Pero una noche celebraron una fiesta para conmemorar el nacimiento de un niño, y el antiguo cazador de ratones no supo resistir a la tentación - ¡Viva nuestro jefe! ¡Viva nuestro jefe! El hombre se pellizcaba las mejillas para convencerse de que no soñaba.

Pero una noche celebraron una fiesta para conmemorar el nacimiento de un niño, y el antiguo cazador de ratones no supo resistir a la tentación de beber. Cuando hubo trasegado a su vientre cuatro vasos de maíz fermentado se le enturbiaron los ojos, se le soltó la lengua y empezó a insultar a los padres de familia que asistían a la reunión. Seetetelané, disgustada, quiso hacerle entrar en razón, pero él, furioso por la intervención de su esposa, le dio un empujón terrible y exclamó con voz pastosa de borracho: - ¡Quítate de mi presencia, miserable hija de un huevo de avestruz!


Seetetelané lo miró dolorosamente y no dijo nada. Aquella noche, el borracho sintió frío. Levantóse para buscar una piel de chacal y no encontró ninguna. Salió a la puerta para llamar a un esclavo y se dio cuenta de que se hallaba en su antigua cabaña y de que estaba completamente solo, vestido con su tseha de pieles de ratones salvajes. El bienestar que había gozado durante aquellas semanas lo había vuelto más sensible a los rigores de la temperatura, haciéndole infinitamente perezoso. El resultado fue que a los pocos días murió de hambre y de frío, más solo que un leproso, reprochándose hasta su último momento su falta de voluntad para resistir a la tentación de la embriaguez que había causado su desgracia.

*Este cuento africano nos señala las cosas importantes de la vida, que son la salud y ponerse en el papel de las personas que nos rodean. Cuando alguien, bebe se perjudica a sí mismo, cuando alguien hiere a una persona se hiere a sí mismo.


Autor: Bruce Devoer, Ed. Molino