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Es su problema


Sucedió que un Maestro Zen estaba pasando por una calle, cuando un hombre llegó corriendo y lo golpeó con fuerza.

El Maestro cayó. Luego se levantó y continuó caminando en la misma dirección en la que estaba yendo, sin siquiera mirar hacia atrás. Un discípulo iba con el Maestro; se quedó atónito y dijo: "¿Quién es ese hombre? ¿Qué es esto? Si uno vive en esta forma, entonces cualquiera puede venir y matarte. Y ni siquiera has mirado a la persona y no sabes quién es, ni por qué lo hizo".

El Maestro dijo: "Es su problema, no el mío".

* Este clásico cuento de la tradición Zen, nos puede servir de ejemplo para aquellos momentos de la vida en que nos sentimos ofendidos frente a algún comentario. Nosotros podemos elegir enfadarnos o no. Si nos enfadamos hacemos nuestro el problema, pero sino, simplemente lo mantiene el que nos trata de ofender y.... como dice el maestro zen... el problema es suyo, no mio.

Sin miedo.


Durante las guerras civiles en el Japón feudal, un ejército invasor podía barrer rápidamente con una ciudad y tomar el control. En una aldea en particular, todos huyeron momentos antes que llegara el ejército; todos excepto el maestro de Zen.

Curioso por este viejo, el general fue hasta el templo para ver por sí mismo qué clase de hombre era este maestro. Como no fuera tratado con la deferencia y sometimiento a los cuales estaba acostumbrado, el general estalló en cólera. “¡Estúpido!”, gritó mientras alcanzaba su espada, “¡no te das cuenta que estás parado ante un hombre que podría atravesarte sin cerrar un ojo!”. Pero a pesar de la amenaza, el maestro parecía inmóvil. “¿Y usted se da cuenta?”, contestó tranquilamente el maestro, “¿que está parado ante un hombre que podría ser atravesado sin cerrar un ojo?”

* Esta historia es en cierto modo un poco humorista. Trata de quitar gravedad a la vida e importancia al Ego. No se trata de que el maestro Zen este tarumba o no, sino de cómo el maestro zen influye para que el más altivo de los hombres, pueda reírse de sí mismo.

Contemplación.


Tajima no kami paseaba por su jardín una hermosa tarde de primavera. Parecía completamente absorto en la contemplación de los cerezos al sol. A algunos pasos detrás de él, un joven servidor le seguía llevando su sable. Una idea atravesó el espíritu del joven:

- A pesar de toda la habilidad de mi Maestro en el manejo del sable, en este momento sería fácil atacarle por detrás, ahora que parece tan fascinado con las flores del cerezo.

En ese preciso instante, Tajima no kami se volvió y comenzó a buscar algo alrededor de sí, como si quisiera descubrir a alguien que se hubiera escondido. Inquieto, se puso a escudriñar todos los rincones del jardín. Al no encontrar a nadie, se retiró a su habitación muy preocupado. El servidor acabó por preguntarle si se encontraba bien y si deseaba algo. Tajima respondió:

- Estoy profundamente turbado por un incidente extraño que no puedo explicarme. Gracias a mi larga práctica de las artes marciales, puedo presentir cualquier pensamiento agresivo contra mí. Justamente cuando estaba en el jardín me ha sucedido esto. Pero aparte de tí no había nadie, ni siquiera un perro. Estoy descontento conmigo mismo, ya que no puedo justificar mi percepción.

El joven servidor, después de saber esto, se acercó al Maestro y le confesó la idea que había tenido, cuando se encontraba detrás de él. Humildemente le pidió perdón.

Tajima no kami se sintió aliviado y satisfecho, y volvió al jardín.

* Se dice que está todo conectado, y en la tradición Zen, se puede llegar a cierto grado de percepción que únicamente se consigue mediante la atención, la meditación y la práctica del zen. Si es cierto o no, no lo sé. Pero todo el mundo está invitado a opinar. Yo pongo un poco de mi parte:

“El pensamiento humano, las palabras, la música, las etiquetas en los envases, influyen sobre el agua y ésta cambia a mejor absolutamente. Si el agua lo hace, nosotros que somos 70-80% agua deberíamos comportarnos igual. Debería Vd. aplicar mi teoría a su vida para mejorarla”.  Esto dijo Masaru Emoto, un artista que mostró fotos de partículas de agua que se veían afectadas por los pensamientos negativos y positivos. 

Agua Energia Positiva 

Este experimento contradice el método científico, las teorías físicas y químicas propuestas hasta ahora. Pero sucede o por lo menos, eso nos cuentan.

Prosperidad natural.


Un hombre rico le pidió a un maestro de Zen que escribiera algo que pudiera alentar la prosperidad de su familia para los años a venir. Sería algo que la familia pudiera abrigar por generaciones.

En un gran pedazo de papel, el maestro escribió, “El padre muere, el hijo muere, el nieto muere”.

El hombre rico se enojó cuando vio el trabajo del maestro. “Le pedí que anotara algo que pudiera traer felicidad y prosperidad a mi familia. ¿Por qué me da algo tan deprimente?”.

“Si su hijo muriera antes que usted”, contestó el maestro, "traería una pena insoportable a su familia. Si su nieto muriera antes que su hijo, también traería un gran dolor. Si su familia, generación tras generación, desaparece en el orden que he descrito, será el curso natural de la vida. Esta es la verdadera felicidad y prosperidad”.

* Este cuento no se refiere en concreto a una situación en especial. Se refiere a una actitud hacia la vida, un modo de vivir. Nos separamos de la vida cuando la intentamos cogerla, atraparla para disfrutarla al máximo, como si hubiera algo que coger. Hay que fluir con ella, entenderla y estar lo suficientemente atento para adaptarse al curso natural de la vida... aunque no sea lo que en principio queremos.

Meditación zen.


Una historia tibetana cuenta que un estudiante de meditación, mientras meditaba en su habitación, creía ver a una araña descendiendo en frente de él. Cada día la criatura amenazadora volvía, creciendo más y más cada vez. Tan asustado estaba estudiante, que fue donde su profesor a contarle su dilema. Le dijo que planeaba colocar un cuchillo en su regazo durante la meditación, así cuando apareciera la araña la mataría. El profesor le aconsejó en contra de este plan. En su lugar, le sugirió que trajera un pedazo de tiza a la meditación, y que cuando apareciera la araña, marcara una X en vientre de la araña. Y que luego le contara.

El estudiante volvió a su meditación. Cuando apareció la araña otra vez, se opuso al impulso de atacarla, e hizo lo qué el maestro sugirió. Cuando más tarde fue a contarle al maestro como le había ido, el profesor le dijo que se levantara su camisa y mirara su propio vientre. Ahí estaba la X.

* Este cuento es propio de la sabiduría zen. La comprensión del Ego produce su eliminación, pero para ello, uno debe deshacerse de sus puntos de apoyo, creencias e ideas preconcebidas. Muchas veces, el miedo que tenemos a las cosas, a las situaciones, a las personas, etc, se deben más bien a lo que nosotros interpretamos de ellas, a nuestros recuerdos e ideas sin conocer bien aquello que tememos. Hay personas que tienen miedo a cosas verdaderamente inofensivas, como a los pájaros, al exterior, a las alturas, etc... Cuando vemos a estas personas desde fuera, vemos que ese miedo no se relaciona con un peligro real, sino que son ideas equivocadas que para ellos son reales. Nosotros también tendremos nuestros miedos, nuestras ideas equivocadas que para nosotros son reales y por tanto debemos superarlas.

Un viejo inútil.

Pasó el tiempo y un granjero se hizo tan viejo que no ya podría trabajar los campos. Así que pasaría el día sentado en el pórtico. Su hijo, aún trabajando la granja, levantaba la vista de vez en cuando y veía a su padre sentado allí. “Ya no es útil”, pensaba el hijo para sí, “¡no hace nada!”. Un día el hijo se frustró tanto por esto, que construyó un ataúd de madera, lo arrastró hasta el pórtico, y le dijo a su padre que se metiera dentro.

Sin decir nada, el padre se metió. Después de cerrar la tapa, el hijo arrastró el ataúd al borde de la granja donde había un elevado acantilado. Mientras se acercaba a la pendiente, oyó un débil golpeteo en la tapa desde adentro del ataúd.

Lo abrió. Aún tendido allí, pacíficamente el padre mirada hacia arriba a su hijo. “Sé que usted va a lanzarme al acantilado, pero antes de que lo haga, ¿puedo sugerir algo?”, “¿Qué?” contestó el hijo, “Arrójeme desde el acantilado, si usted quiere”, dijo a padre, “pero guarde este buen ataúd de madera ya que sus hijos pudieran necesitarlo”.

* La máxima de la ética, aquella que siempre puede ayudarnos a salir de cualquier problema de moral, dice: - NO QUIERAS PARA NADIE LO QUE NO QUIERAS PARA TI. - Un mensaje que le transmite el anciano a su hijo.

El arte de la escritura.

Un maestro calígrafo estaba escribiendo algunos caracteres sobre un pedazo de papel. Uno de sus especialmente perceptivos estudiantes estaba mirándolo.

Cuando el calígrafo hubo terminado, pidió la opinión del estudiante, quién inmediatamente le dijo que no estaba muy bien. El maestro lo intentó de nuevo, sin embargo el estudiante criticó el trabajo de nuevo.

Una y otra vez, el calígrafo cuidadosamente trazaba los mismos caracteres, y cada vez el estudiante los rechazaba.

Finalmente, cuando el estudiante había desviado su atención a algo más y no estaba mirando, el maestro aprovechó la oportunidad de hacer rápidamente los caracteres.

"¡Listo! ¿Cómo está ese?", le preguntó al estudiante. El estudiante se dio vuelta a mirar. "¡ESA... es una obra maestra!" exclamó.

*En las tareas en que se necesita de nuestra habilidad, que requiere totalmente nuestra concentración, pensar en si lo estamos haciendo bien, o lo estamos haciendo mal, solo hace que no nos concentremos del todo y que por tanto, no salga todo lo bien que se puede hacer. En el arte de la escritura, cada letra es un reflejo de nosotros mismos, por eso hay que estar sereno y libre de prejuicios, para que el trazado sea sereno y libre... Para que nuestra relación con el mundo, también sea serena y libre.

El guerrero, el maestro y la taza de té.

Un famoso guerrero, va de visita a la casa de un maestro Zen. Al llegar se presenta a éste, contándole de todos los títulos y aprendizajes que ha obtenido en años de sacrificados y largos estudios.

Después de tan sesuda presentación, le explica que ha venido a verlo para que le enseñe los secretos del conocimiento Zen.

Por toda respuesta el maestro se limita a invitarlo a sentarse y ofrecerle una taza de té.

Aparentemente distraído, sin dar muestras de mayor preocupación, el maestro vierte té en la taza del guerrero, y continúa vertiendo té aún después de que la taza está llena.

Consternado, el guerrero le advierte al maestro que la taza ya está llena, y que el té se escurre por la mesa.

El maestro le responde con tranquilidad "Exactamente señor. Usted ya viene con la taza llena, ¿cómo podría usted aprender algo?

Ante la expresión incrédula del guerrero el maestro enfatizó: "A menos que su taza esté vacía, no podrá aprender nada"

* Este cuento es similar al del "Maestro Zen y la taza de té". Los prejuicios, ideas preconcebidas, opiniones erróneas hacen que muchas veces no aprendamos sobre nuevas experiencias de la vida. Sobre nuevas lecciones que nos harán crecer como persona.

Si tienes que aprender, ves dispuesto a escuchar, ver y oir, todo lo que se te presenta. No mantengas un diálogo interno contigo mismo aunque sea del tema que estas aprendiendo. Simplemente estate receptivo.

El cazador y el maestro zen.

Un estudiante de artes marciales se acercó a su profesor con una pregunta. “Quisiera mejorar mi conocimiento de las artes marciales. Además de aprender de usted, quisiera estudiar con otro profesor, para aprender otro estilo. ¿Qué piensa usted de esta idea?”.

“El cazador que persigue dos conejos”, contestó el profesor, “no atrapa ninguno”.


*La mente es muy exigente, y si le damos rienda suelta, puede ser demasiado avariciosa. ¿Cómo vamos a profundizar en algo si estamos pensando en otra cosa? Cuando hacemos algo debemos centrarnos en lo que hacemos. Muchas veces sucede que mientras vivimos una vida, queremos otra, y no es que eso sea malo de por sí, lo que pasa cuando se consigue es que vivimos ansiosos o tristes porque añoramos la que teníamos.

Vive y no pienses en vivir.

El maestro y el té.

Un importante catedrático universitario se encontraba últimamente en extraños estados de ánimo: se sentía ansioso, infeliz y si bien creía ciegamente en la superioridad que su saber le proporcionaba, no estaba en paz consigo mismo ni con los demás. Su infelicidad era tan profunda cuan su vanidad. En un momento de humildad había sido capaz de escuchar a alguien que le sugería aprender a meditar como remedio a su angustia. Ya había oído decir que el zen era una buena medicina para el espíritu.

En su región vivía un excelente maestro y el profesor decidió visitarle para pedirle que le aceptara como estudiante.

Una vez llegado a la morada del maestro, el profesor se sentó en la humilde sala de espera y miró alrededor con una clara -aunque para él imperceptible- actitud de superioridad. La habitación estaba casi vacía y los pocos ornamentos sólo enviaban mensajes de armonía y paz. El lujo y toda ostentación estaban manifiestamente ausentes.

Cuando el maestro pudo recibirle y tras las presentaciones debidas, el primero le dijo: "permítame invitarle a una taza de té antes de empezar a conversar". El catedrático asintió disconforme. En unos minutos el té estaba listo. Sosegadamente, el maestro sacó las tazas y las colocó en la mesa con movimientos rápidos y ligeros al cabo de los que empezó a verter la bebida en la taza del huésped. La taza se llenó rápidamente, pero el maestro sin perder su amable y cortés actitud, siguió vertiendo el té. El líquido rebosó derramándose por la mesa y el profesor, que por entonces ya había sobrepasado el límite de su paciencia, estalló airadamente tronando así: " ¡ Necio ! ¿ Acaso no ves que la taza está llena y que no cabe nada más en ella ?". Sin perder su ademán, el maestro así contestó: "Por supuesto que lo veo, y de la misma manera veo que no puedo enseñarte el zen. Tu mente ya está también llena".

La tortuga sagrada.

Chuang-tse paseaba por las orillas del río Pu. El rey de Chou envió a dos altos funcionarios con la misión de proponerle el cargo de Primer Ministro. La caña entre las manos y los ojos fijos en el sedal, Chuang-tse respondió: «Me han dicho que en Chou veneran una tortuga sagrada, que murió hace tres mil años. Los reyes conservan sus restos en el altar familiar, en una caja cubierta con un paño. Si el día que pescaron a la tortuga le hubiesen dado la posibilidad de elegir entre morir y ver sus huesos adorados por siglos o seguir viviendo con la cola enterrada en el lodo, ¿qué habría escogido?». Los funcionarios repusieron: «Vivir con la cola en el lodo». «Pues ésa es mi respuesta: prefiero que me dejen aquí, con la cola en el lodo, pero vivo.»

Espejo mágico.

ESPEJO MÁGICO.
Iruku había querido mucho a su padre. Ahora, el anciano se había reunido con los antepasados. A menudo, cuando trenzaba una carta de bambú, Iruku pensaba: Si mi mujer no hubiese sentido anta aversión por mi honorable padre, el hubiera sido más feliz en vida. Yo no hubiera vacilado en mostrarle mi afecto, mi respeto filial. Habríamos tenido largas y dulces conversaciones. Me habría contado cosas de la gente y cosas del pasado... Y así lo embargaba la melancolía.
Un día de mercado, Iruku el cestero, terminó su reserva de cesta más rápido que de costumbre. Se paseaba desocupado entre los puestos cuando vió que había un comerciante chino que solía vender objetos extraños. "Acércate Iruku - dijo el comerciante - mira que cosa más extraordinaria tengo". Y con aire de misterio extrajoun objeto redondo y plano, cubiertos con un paño de seda. Lo puso entre las manos de Iruku y, con cuidado, quitó el paño. Iruku inclinó la cabeza sobre una superficie pulida y brillante. Reconoció en su interior la imagen de su padre, tal y como lo había visto en sus tiempos juveniles. Emocionado, exclamó: "!Este objeto es mágico!- Sí- dijo el comerciante - lo llaman espejo y es valiosísimo". Pero la fiebre poseía a Iruku : " ! Te ofrezco todo lo que tengo encima - dijo-. Quiero este espejo mágico y llevarme a casa la imagen de mi amado padre. Tras largas discusiones, Iruku, dejó en el puesto del comerciante todo lo que había ganado en toda la mañana.
En cuanto llegó a casa, Iruku se fué al granero y ocultó la imagen de su padre en un cofre. Durante los días siguientes desaparecía, subía al granero y sacaba del cofre el espejo mágico. Se quedaba largos momentos contemplando la imagen venerada y se sentía feliz. Su mujer no tardó en darse cuenta de su extraña conducta. Una tarde, cuando el dejó un cesto a medio hacer, ella lo siguió. Vio que subió al granero, buscaba el cofre, sacaba un objeto desconocido, y lo miraba largamente adoptando un aire de misterioso placer. Luego lo cubría con un paño y volvía a guardarlo con gestos amorosos. La mujer, intrigada, esperó a que se fue Iruku, abrió el cofre, encontró el objeto, apartó el paño de seda, miró y vió: " Una mujer". Furiosa, bajo e increpó a su marido,"! Así que me engañas lléndote al granero a contemplar a una mujer diez veces al día en el granero!"
-!Que no!- dijo Iruku,- no te quería hablar de eso porque tu no apreciabas mucho a mi padre, pero lo que voy a ver es su imagen, y eso apacigua mi corazón.
-!Miserable mentiroso!- vociferó la mujer-. !La he visto con mis ojos!!Lo que tienes escondido en el granero es una mujer!
-! Te aseguro que ... !
La discusión se fue envenenando y estaba haciéndose infernal, cuando llamó a la puerta una monja. La pareja le pidió que hiciese de arbitro. La monja subió al granero, volvió y dijo: - "!Es una monja!".