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VIVIR EL PRESENTE.


Un hombre se le acercó a un sabio anciano y le dijo: -Me han dicho que tú eres sabio…. Por favor, dime qué cosas puede hacer un sabio que no está al alcance de las demás de las personas. El anciano le contestó: cuando como, simplemente como; duermo cuando estoy durmiendo, y cuando hablo contigo, sólo hablo contigo. Pero eso también lo puedo hacer yo y no por eso soy sabio, le contestó el hombre, sorprendido. Yo no lo creo así, le replicó el anciano. Pues cuando duermes recuerdas los problemas que tuviste durante el día o imaginas los que podrás tener al levantarte. Cuando comes estás planeando lo que vas a hacer más tarde. Y mientras hablas conmigo piensas en qué vas a preguntarme o cómo vas a responderme, antes de que yo termine de hablar. El secreto es estar consciente de lo que hacemos en el momento presente y así disfrutar cada minuto del milagro de la vida.

* Qué más podemos decir de este sencillo cuento que ya nos explica la lección que quiere darnos. Vive el presente, si estás ansioso vives en el futuro y si te encuentras deprimido, vives en el pasado. No es tan fácil pues vivir el presente, porque pensar en aquello que nos va a pasar, nos hace sentir seguros... y salir de nuestra zona de confort... como que no suele apetecernos.

EL BOTE.



Un hombre estaba remando en su bote corriente arriba durante una mañana muy brumosa.

De repente vio que otro bote venía corriente abajo, sin intentar evitarle. Avanzaba directamente hacia él, que gritaba:

- Cuidado! Cuidado!

Pero el bote le dio de pleno y casi le hizo naufragar.

El hombre estaba muy enfadado y empezó a gritar a la otra persona para que se enterara de lo que pensaba de ella. Pero cuando observó el bote más de cerca, se dio cuenta que estaba vacío.

* A veces los cuentos más cortos son los que más nos enseñan, y este, con unas pocas frases, nos muestra una de las enseñanzas más valiosas de la vida. El río representa la vida, que tiene su curso, el barco que baja con la corriente, son los acontecimientos de la vida que vienen hacia nosotros, que nos empeñamos en ir contracorriente. Cuando en la vida nos suceden cosas inesperadas es fácil que pensemos que tenemos mala suerte, que el destino nos ha jugado una mala pasada, y nos empeñamos en ver los acontecimientos según nos beneficien o no. Pero el universo tiene sus leyes, sus normas, y pensar que lo hace por nosotros es un verdadero error que nos puede sentir desgraciados.

EL DESAFÍO.


Es imprescindible un poco de lucha. Las tormentas con sus truenos, relámpagos y tristezas, nos enriquecen tanto como la felicidad y la alegría.
Oí una parábola antigua. Y debe ser muy antigua porque en aquellos días Dios acostumbraba a vivir en la tierra.
Un día un viejo campesino fue a verle y le dijo: ―Mira, tú debes ser Dios y debes haber creado el mundo, pero hay una cosa que tengo que decirte: No eres un campesino, no conoces ni siquiera el ABC de la agricultura. Tienes algo que aprender.
Dios dijo: ―¿Cual es tu consejo?
El granjero dijo: Dame un año y déjame que las cosas se hagan como yo quiero y veamos que pasa. La pobreza no existirá más.
Dios aceptó y le concedió al campesino un año. Naturalmente pidió lo mejor y solo lo mejor: ni tormentas, ni ventarrones, ni peligros para el grano.
Todo confortable, cómodo y él era muy feliz. El trigo crecía altísimo. Cuando quería sol, había sol; cuando quería lluvia, había tanta lluvia como hiciera falta. Este año todo fue perfecto, matemáticamente perfecto.
El trigo crecía tan alto….que el granjero fue a ver a Dios y le dijo:¡Mira! esta vez tendremos tanto grano que si la gente no trabaja en diez años, aún así tendremos comida suficiente.Pero cuando se recogieron los granos estaban vacíos. El granjero se sorprendió. Le preguntó a Dios :¿Qué pasó, qué error hubo?.
Dios dijo: Como no hubo desafío, no hubo conflicto, ni fricción, como tu evitaste todo lo que era malo, el trigo se volvió impotente.
Un poco de lucha es imprescindible. Las tormentas, los truenos, los relámpagos, son necesarios, porque sacuden el alma dentro del trigo.La noche es tan necesaria como el día y los días de tristeza son tan esenciales como los días de felicidad. A esto se le llama entendimiento. Entendiendo este secreto descubrirás cuán grande es la belleza de la vida, cuanta riqueza llueve sobre tí en todo momento, dejando de sentirte miserable porque las cosas no van de acuerdo con tus deseos.

*  La sabiduría, no ser inteligente ni ser listo, sino sabio. Es justamento aquello que nos explica el cuento budista de "El desafío". Muchas veces nos creemos el centro del universo, y creemos que las cosas suceden por nosotros... entonces, si los acontecimientos son desfavorables, nos sentimos desgraciados y si pasa al contrario, afortunados. 

La naturaleza tiene su propia sabiduría, algunas cosas necesitan su tiempo, y a medida que entendemos esto, más sabios nos hacemos.

SIDDHARTA Y EL CISNE


Hace mucho tiempo, en India, vivían un rey y una reina.
Un día la reina tuvo un bebé. Lo llamaron Príncipe Siddhartha. El rey y la reina estaban muy felices.

Ellos invitaron a un sabio anciano para que fuera al reino a predecir la fortuna del niño.

“Por favor, dinos:” dijo la reina al sabio anciano.
“¿Qué llegará a ser nuestro hijo?”

“Vuestro hijo será un niño especial,” le dijo, ” Un día llegará a ser un gran rey.”

“¡Viva!” dijo el rey. “”Será un rey como yo.”

“Pero,” dijo el sabio, “cuando el niño crezca, podría abandonar el palacio porque querrá ayudar a la gente.”

“¡El no hará semejante cosa!” gritó el rey mientras le arrebataba al niño. “¡El será un gran rey!”


Todo el tiempo el rey lo observaba.

Se aseguró de que su hijo tuviera lo mejor de todo.

Quería que Siddhartha disfrutara la vida de un principe.

Quería que se conviertiera en rey
Cuando el Príncipe tuvo siete años su padre lo mandó a buscar.

“Siddhartha,” le dijo, “Un día serás rey, ya es tiempo de que comiences a prepararte. Hay muchas cosas que tienes que aprender. Aquí están los mejores profesores de la tierra. Ellos te enseñarán todo lo que necesitas saber.”

“Daré lo mejor de mí, padre,” contestó el príncipe


Cuando el Príncipe Siddhartha terminaba sus lecciones, le gustaba jugar en los jardines de palacio. Allí vivía toda suerte de animales: ardillas, conejos, pájaros y venados. A Siddhartha le gustaba obsevarlos.Podía sentarse a mirarlos tan quieto que a ellos no les daba miedo acercarse hasta él.
A Siddhartha le gustaba jugar cerca del lago. Cada año, una pareja de hermosísimos cisnes blancos venía a anidar allí. El los miraba detrás de los juncos. Quería saber cuántos huevos había en el nido. Le gustaba ver a los pichones aprender a nadar.
Una tarde Siddhartha estaba por el lago. Repentinamente escuchó un sonido sobre él. Miró hacia arriba. Tres hermosos cisnes volaban sobre su cabeza. “Más cisnes,” pensó Siddhartha, “espero que se posen en nuestro lago.” Pero justo en ese momento uno de los cisnes cayó del cielo.
“¡Oh, no!” gritó Siddhartha, mientras corría hacia donde cayó el cisne.


“¿Qué ocurrió? Hay una flecha en tu ala”, dijo. “Alguien te ha herido.” Siddhartha le hablaba muy suavemente, para que no sintiera miedo. Comenzó a acariciarlo con dulzura. Muy delicadamente le sacó la flecha. Se quitó la camisa y arropó cuidadosamente al cisne.“Estarás bien enseguida,” le dijo.
“Te veré luego.”
Justo, en ese momento, llegó corriendo su primo Devadatta. “Ese es mi cisne,” gritó.
“Yo le pegué, dámelo.”“No te pertenece,” dijo Siddhartha, “es un cisne silvestre”“Yo le fleché, así que es mío. Dámelo ya.”“No,” dijo Siddhartha.
“Está herida y hay que ayudarla.”
Los dos muchachos comenzaron a discutir. “Para,” dijo Siddhartha. “En nuestro reino, si la gente no puede llegar a un acuerdo, pide ayuda al rey. Vamos a buscarlo ahora.” Los dos niños salieron en busca del rey. Cuando llegaron todos estaban ocupados.“¿Qué hacen ustedes dos aquí?” preguntó uno de los ministros del rey. ¿No ven lo ocupados que estamos? Vayan a jugar a otro lugar.” “No hemos venido a jugar, hemos venido a pedirles ayuda.” Dijo Siddhartha.
“!Esperen!” llamó el rey al escuchar esto. “No los corran. Están en su derecho de consultarnos.” Se sentía complacido de que Siddhartha supiera cómo actuar. “Deja que los muchachos cuenten su historia,” dijo.
“Escucharemos y daremos nuestro juicio.”Primero Devadatta contó su versión.
“Yo herí al cisne, me pertenece.” Dijo.Los ministros asintieron con la cabeza. Esa era la ley del reino. Un animal o pájaro pertenecía a la persona que lo hería. Entonces Siddhartha contó su parte.
“El cisne no está muerto.” Argumentó. “Está herido pero todavía vive.”
Siddhartha cuidó del cisne hasta que estuvo bien otra vez. Un día, cuando su ala sanó, lo llevó al río.“Es hora de separarnos,” dijo Siddhartha. Siddhartha y Devadatta miraron como el cisne nadó hacia las aguas profundas. En ese momento escucharon un sonido de alas sobre ellos.“Mira,” dijo Devadatta, “los otros han regresado por ella.”
El cisne voló alto en el aire y se unió a sus amigos. Entonces todos volaron sobre el lago por una última vez.

“Están dando las gracias,” dijo Siddhartha, mientras los cisnes se perdían hacia las montañas del norte.

* Lo que nos trata de explicar este cuento es que la naturaleza tiene sus propias leyes. Que los hombres la señoreamos, nos colocamos por encima y dictamos las nuestras sin tenerlas en cuenta.

En la religión budista, los animales son reencarnaciones de antiguos familiares, de antiguas personas, y por eso tratan de no matarlos.

Por cierto, Siddhartha es un príncipe de una novela escrita por Hermann Hesse en 1922, y cuenta la historia de un príncipe hindú que lo deja todo por llegar a la iluminación.

EL MURO

Dicen que una vez un hombre era perseguido por varios malhechores que querían matarlo. El hombre ingresó a una cueva. Los malhechores empezaron a buscarlo por las cuevas anteriores de la que él se encontraba. Con tal desesperación elevó una plegaria a Dios de la siguiente manera: 

"Dios todopoderoso, haz que dos ángeles bajen y tapen la entrada para que no entren a matarme". En ese momento escuchó a los hombres acercándose a la cueva en la que él se encontraba, y vio que apareció una arañita. La arañita empezó a tejer una telaraña en la entrada. El hombre volvió a elevar otra plegaria, esta vez más angustiado: 

"Señor, te pedí ángeles, no una araña." Y continuó: "Señor, por favor, con tu mano poderosa coloca un muro fuerte en la entrada para que los hombres no puedan entrar a matarme". Abrió los ojos esperando ver el muro tapando la entrada, y observo a la arañita tejiendo la telaraña. Estaban ya los malhechores ingresando en la cueva anterior de la que se encontraba el hombre y éste quedó esperando su muerte. Cuando los malhechores estuvieron frente a la cueva en la que se encontraba el hombre ya la arañita había tapado toda la entrada, entonces se escucho esta conversación: 

Primer hombre: "Vamos, entremos a esta cueva." Segundo hombre: "No. ¿No ves que hasta hay telarañas?, nadie ha entrado en ésta." 

* De este cuento sacamos una gran enseñanza. Muchas veces, a lo largo de la vida, vamos creciendo y vamos tapando nuestro mundo con murallas de valores, de juicio, ideas, experiencias, y cuando nos damos cuenta, estamos en un lugar estrecho y que nos axfisia. Pero como lo hemos hecho nosotros, no sabemos como deshacer el muro que nos tiene presos. Es hora pues de plantearse si de verdad esos muros son reales, si algunas paredes son necesarias, si podemos sentirnos bien sin el inquietante deseo de sentirnos seguros. Ya que quizá, lo único seguro en esta vida es que no hay nada seguro... 

LA MUJER PERFECTA.

Sariputta era uno de los más grandes discípulos del Buda y llegó a ser un iluminado de excepcional sabiduría y sagaz visión.

Viajaba propagando la enseñanza, y cierto día, al pasar por una aldea de la India, vió que una mujer sostenía en una mano un bebé y con la otra estaba dando una sardina a un perro.

Con su visión clarividente e intemporal pudo ver quíenes fueron todos ellos en una pasada existencia.

Se trataba de una mujer casada con un cruel marido que la golpeaba a menudo. Se enamoró de otro hombre, pero entre su padre y su marido, poniéndose de acuerdo para ello, le dieron muerte.

Ahora la mujer mantenía a un bebé en sus brazos, su antiguo amante, que fuera asesinado. La sardina era su despiadado marido, y el perro, su padre.

Todos habían vuelto a reunirse en la presente vida, pero en condiciones muy distintas.

Nadie puede escapar a sus acciones, tal es el designio del karma.

* Los cuentos budista hacen referencia a la tradición y cultura budista, narraciones que tratan de inculcar el pensamiento budista y transmitirlo a las siguientes generaciones. La rueda de la vida, el renacer millones de veces y el Karma son los protagonistas necesarios para explicar la sabiduría interpretada de Buda.

Buda rompe con la rueda de las reencarnaciones para llegar al nirvana. Muchos expertos consideran el renacer como una interpretación del Ego. El egoísmo como una parte que daña a la persona y a los que le rodean, y que si nos dejamos llevar por los impulsos egoístas podemos tener consecuencias en otras vidas.

Los 4 monjes


Cuatro monjes decidieron caminar juntos en silencio durante un mes. El primer día, todo fue estupendamente  pero, pasado el primer día, uno de los monjes dijo: «Estoy dudando si he cerrado la puerta de mi celda antes de salir del monasterio».
Y dijo otro de ellos: «¡Estúpido! ¡Habíamos decidido guardar silencio durante un mes, y vienes tú a romperlo con esa tontería!».
Entonces dijo el tercero: «¿Y tú, qué? ¡También tú acabas de romperlo! »
Y el cuarto monje dijo: «¡A Dios gracias, yo soy el único que aún no ha hablado!»

*Este cuento nos habla del autoengaño, el engaño más sutil y que más difícil es de desenmascarar. Los cuatro monjes habían prometido no hablar, mantener el voto de silencio para meditar y conseguir la paz interior. Pero de lo que no se daban cuenta era de que se intentaban engañar a sí mismos, y en el primer momento de despiste, la verdad salió a la luz. No podemos ir contra nuestra naturaleza, sino entenderla.

¿Está mi mente tan limpia?


Buda tenía un discípulo llamado Suddhipanthaka, al que todos conocían con el sobrenombre de “Pequeño Camino”. Era el estudiante más lento del maestro. Todos, excepto él, podían recordar sus enseñanzas. Pero si éste trataba de memorizar la primera palabra de un sutra, se le olvidaba la segunda y viceversa. El Buda le dio entonces el trabajo de limpiar los zapatos de otros discípulos, puesto que no parecía apto para hacer otra cosa.
 Después de haber limpiado zapatos por un tiempo bastante largo, “Pequeño camino” se preguntó a sí mismo: “Todos los zapatos están limpios, pero ¿está mi mente tan limpia?”.  En ese momento, su mente se liberó por completo.

*Cómo en la mayoría de las tradicionales religiones orientales mayoritarias, el gran problema es el sufrimiento que es causado por la mente. Muchas veces nos liamos en un mundo de ideas, unas se contradicen a otras y otras nos causan dolor. Es tal la importancia que le damos a las ideas, que no nos fijamos en los hechos reales.

!Qué suerte!


Un hombre, morbosamente apasionado por el juego, había pasado una vez más, toda la noche en un casino. Salió del lugar totalmente rendido... estaba a punto de amanecer. Cuando el cielo se tiñó de rojo y el sol empezó a salir, sintió un escozor en sus ojos somnolientos. Vio un gran árbol en el jardín y decidió sentarse a sus pies para descansar un rato antes de volver a casa. En un abrir y cerrar de ojos, el jugador cayó en un sueño profundo. Durmió todo el día y toda la noche.

Había dormido exactamente 24 horas cuando se despertó. Era el alba, y el sol estaba empezando a subir al cielo.

- ¡ Que suerte ! -exclamó contento- casi me duermo.


* En este cuento podemos extraer dos lecciones:

1ª- Casi siempre vemos el mundo a través de nuestros ojos y lo vemos como queremos, sin darnos cuenta que la vida en muchos casos nos marca caminos que no habíamos pensado.

2º- Hay que escuchar a nuestro cuerpo y darle lo que quiere. El cuerpo debe ser tratado como un templo. Bien alimentado, bien cuidado y bien descansado... con esto ya consigues el 50% de la felicidad.

Un regalo para Buda.

En una ocasión cuando Buda estaba predicando su doctrina, un hombre se le acercó y comenzó a insultarlo e intentar agredirlo pero Buda se mantuvo en un estado de imperturbable serenidad y silencio. Cuando hubo terminado su acción, se retiró.
Un discípulo que se sintió indignado por los insultos que el hombre lanzó contra Buda le preguntó porqué dejó que lo maltratara y lo agrediera.
A lo que Buda respondió con segura tranquilidad: -“Si yo te regalo un caballo pero tú no lo aceptas ¿de quién es el regalo?”
El discípulo contestó: -“Si no lo acepto, sería tuyo todavía”.
Entonces Buda respondió: -"Bueno. Estas personas emplean parte de su tiempo en regalarme sus insultos, pero al igual que un regalo, yo elijo si quiero aceptarlo o no. Los insultos son como regalos: si lo recoges, lo aceptas; si no lo recoges, quien te insulta se lo queda en sus manos. No podemos culpar al que insulta de nuestra decisión de aceptar su regalo. Por esa misma razón, esos insultos son para mí como un regalo que elijo no recoger. Simplemente los dejo en los mismos labios de donde salen.”

* Realmente ya Buda explica en esta anécdota lo que es una verdad como un templo. Soy yo el que elige enfadarse, el que elige sufrir. Como dice un adagio Budista: "el dolor es inevitable, el sufrimiento no".

LA PRUEBA DEL MAESTRO BUDISTA.


-Soy pobre y débil.- dijo un día un maestro a sus discípulos, pero vosotros sois jóvenes, y yo os enseño: es deber vuestro, por lo tanto, conseguir el dinero que vuestro viejo maestro necesita para vivir.

-¿Cómo podemos hacer eso?- preguntaron los discípulos-. Las gentes de esta ciudad son tan poco generosas que sería inútil pedirles ayuda.

-Hijos míos- contestó el maestro-, existe un modo de conseguir dinero, no pidiéndolo, sino cogiéndolo. No sería pecado para nosotros robar, pues merecemos más que otros el dinero. Pero, ¡ay!, yo soy demasiado viejo y débil para hacerlo.

-Nosotros somos jóvenes- dijeron los discípulos- y podemos hacerlo. No hay nada que no hiciéramos por vos, querido maestro. Decidnos sólo cómo hacerlo y nosotros obedeceremos.

-Sois jóvenes- dijo el maestro- y es poca cosa para vosotros el apoderaros de la bolsa de algún hombre rico. Así es cómo débeis hacerlo: escoged algún lugar tranquilo donde nadie os vea, y luego agarrad a un traseúnte y coger su dinero, pero no lo lastiméis.

-Vamos inmediatamente!-, dijeron los discípulos, excepto uno, que había callado, con la mirada baja.
El maestro miró a ese joven discípulo y dijo:

-Mis otros discípulos son valientes y están deseosos de ayudarme, pero a ti poco te preocupa el sufrimiento de tu maestro.

-Perdonadme, maestro- contestó-, pero el plan que nos habéis explicado me parece irrealizabe; éste es el motivo de mi silencio.

-¿Por qué es irrealizable?- preguntó el maestro.

-Porque no existe lugar alguno en el que no haya nadie que nos vea- contestó el discípulo-; incluso cuando estoy solo mi Yo me observa. Antes cogería una escudilla e iría a mendigar que permitir que mi Yo me vea robar.

A estas palabras, el rostro del maestro se iluminó de gozo. Estrechó al joven discípulo entre sus brazos y le dijo: -Me doy por dichoso si uno solo de mis discípulos ha comprendido mis palabras.-
Sus otros discípulos, viendo que su maestro había querido ponerlos a prueba, bajaron la cabeza avergonzados.

Y desde aquel día, siempre que un pensamiento indigno les venía a la mente, recordaban las palabras de su compañero: "Mi yo me ve".

* Son muchas las veces que en la vida nos intentan decir como debemos vivir, como debemos actuar o realizar cualquier cosa e incluso, para colmo, COMO DEBEMOS PENSAR. Pero aunque la fama, el prestigio respalden a los que nos dicen lo que debemos hacer, nunca debemos hacerlo sin pensar por nosotros mismo. Somos nosotros quienes sabemos como vivimos, lo que sentimos, lo que pensamos...    Si queremos vivir como robots, simplemente deja que te digan lo que debes hacer, lo que debes pensar y lo que debes sentir... pero si quieres vivir como un ser humano valiente, independiente y no un mero reflejo, cada decisión que tomes, que sea por convicción propia.

El rey de los monos y buda.


  Cuando el rey de los monos se enteró de dónde moraba el Buda predicando la Enseñanza, corrió hacia él y le dijo:

  --Señor, me extraña que siendo yo el rey de los monos no hayáis enviado a alguien a buscarme para conocerme.

Soy el rey de millares de monos.

Tengo un gran poder.

  El Buda guardó el noble silencio.

Sonreía. El rey de los monos se mostraba descaradamente arrogante y fatuo.

  --No lo dudéis, señor -agregó-, soy el más fuerte, el más rápido, el más resistente y el más diestro. Por eso soy el rey de los monos. Si no lo creéis, ponedme a prueba. No hay nada que no pueda hacer. Si lo deseáis, viajaré al fin del mundo para demostrároslo.

  El Buda seguía en silencio, pero escuchándolo con atención. El rey de los monos añadió:

  --Ahora mismo partiré hacia el fin del mundo y luego regresaré de nuevo hasta vos.

  Y partió. Días y días de viaje.

Cruzó mares, desiertos, dunas, bosques, montañas, canales, estepas, lagos, llanuras, valles... Finalmente, llegó a un lugar en el que se encontró con cinco columnas y, allende las mismas, sólo un inmenso abismo. Se dijo a sí mismo: “No cabe duda, he aquí el fin del mundo”. Entonces dio comienzo al regreso y de nuevo surcó desiertos, dunas, valles... Por fin, llegó de nuevo a su lugar de partida y se encontró frente al Buda.

  --Ya me tienes aquí -dijo arrogante-. Habrás comprobado, señor, que soy el más intrépido, hábil, resistente y capacitado. Por este motivo soy el rey indiscutible de los monos.

  El Buda se limitó a decir:

  --Mira dónde te encuentras.

  El rey de los monos, estupefacto, se dio entonces plena cuenta de que estaba en medio de la palma de una de las manos del Buda y de que jamás había salido de la misma. Había llegado hasta sus dedos, que tomó como columnas, y más allá sintió el abismo, fuera de la mano del Bienaventurado, que jamás había abandonado.

*El engreído, el vanidoso, el egoísta ve su mundo mezquino como si fuera el mundo real. Piensa que lo que sabe es lo más importante, que lo que hace es la mejor manera de hacerla, que su belleza es superior... lo mismo le sucede al rey de los monos.

La naturaleza del escorpión.

Un día un escorpión llegó a la orilla de un río y, teniendo que pasar al otro lado, empezó a buscar un medio que le llevase sin riesgo de ahogarse. De repente, viendo a una rana que estaba tomando el sol, una idea hizo mella en su mente. Decidió formularle su propósito preguntándole:

- Oye rana, ¿ podrías llevarme a la otra orilla nadando conmigo en la espalda ?

La rana le contestó:

- ¿ De verdad me crees tan idiota ? Sé muy bien que una vez subido en mi espalda me clavarás tu aguijón matándome.

- No seas tonta -replicó el escorpión- ¿ cómo podría hacerte eso ? ¿Acaso no sabes que nosotros no sabemos nadar y que si yo te matase moriría contigo ?

La rana, reasegurada por este razonamiento lógico pensó: " Es verdad. Si me matara, él también se moriría... y no creo que esa idea le guste...

- De acuerdo, sube. Te llevaré -dijo el batracio.

El escorpión se acomodó en la espalda de la rana y ésta empezó a cruzar el río. Una vez llegados a la mitad del torrente, en el punto más profundo, el escorpión levantó su pincho y, de un rápido golpe, lo clavó en la cabeza de la rana. Esta, agonizando atónita, apostrofó:

- ¿ Qué has hecho, imbécil ? ¡Ahora te vas a morir tú también, cretino !

- Lo sé -contesto el alacrán- pero soy un escorpión y esta es mi naturaleza.


* Este cuento budista ha sido muy difundido, conocido desde hace años por su bella enseñanza. No podemos huir de nuestra naturaleza, la naturaleza humana es complicada y entenderla es una de las cosas más difíciles del mundo. Entendernos es libertad, es poder elegir, es comprender al prójimo, y la relación que tenemos con él. Sin esa sabiduría, somos arrastrados por la corriente, no fluimos con ella. Sin el conocimiento de nosotros mismos, le echaremos la culpa al mundo en vez de cambiarlo.

El ataúd de uno mismo.

En un funeral, uno a uno los empleados agitados se aproximaban al ataúd, miraban al difunto y tragaban sake. Se quedaban unos minutos en el más absoluto silencio, como si les hubieran tocado lo más profundo del alma.

Resulta que en el fondo del ataúd había un espejo, donde al mirar cada uno se veía reflejado, con el siguiente texto:

“Sólo existe una persona capaz de limitar tu crecimiento: ¡TU MISMO”!

* Tú eres la única persona que puede hacer una revolución en tu vida. Tu eres la única persona que puede perjudicar tu vida, y la única que puede ayudarse.

Tu vida no cambia cuando cambia tu jefe, cuando tus amigos cambian, cuando tus padres cambian, cuando tu pareja cambia. Tu vida cambia, cuando tú cambias, eres el único responsable por ella. “Examínate y no te dejes vencer”

“El mundo es como un espejo, que devuelve a cada persona, el reflejo de sus propios pensamientos. La manera como tu encaras la vida es lo que hace la diferencia”.

La araña y el aprendiz.

Una historia tibetana cuenta que un estudiante de meditación, mientras meditaba en su habitación, creía ver a una araña descendiendo en frente de él. Cada día la criatura amenazadora volvía, creciendo más y más cada vez. Tan asustado estaba estudiante, que fue donde su profesor a contarle su dilema. Le dijo que planeaba colocar un cuchillo en su regazo durante la meditación, así cuando apareciera la araña la mataría. El profesor le aconsejó en contra de este plan. En su lugar, le sugirió que trajera un pedazo de tiza a la meditación, y que cuando apareciera la araña, marcara una X en vientre de la araña. Y que luego le contara.

El estudiante volvió a su meditación. Cuando apareció la araña otra vez, se opuso al impulso de atacarla, e hizo lo qué el maestro sugirió. Cuando más tarde fue a contarle al maestro como le había ido, el profesor le dijo que se levantara su camisa y mirara su propio vientre. Ahí estaba la X.

*Lo que quiere decir este cuento budista es que muchas veces somos nosotros los mismos que impedimos ser felices. Nuestras costumbres, nuestras ideas, nuestras experiencias, nuestros miedos o nuestra educación son muros difíciles de traspasar cuando queremos crecer como persona. Darse cuenta de eso, es el primer paso para que desaparezcan nuestras barreras.