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EL ARQUERO Y EL MONJE ZEN.

Después de ganar varias competencias de tiro al blanco, el joven y presumido campeón, desafió a un maestro del Zen famoso por su habilidad como arquero. El joven demostró una habilidad técnica muy buena cuando impactó el centro del blanco en su primer intento. Su segundo tiro era igual de perfecto y dijo al anciano:

- ¡Allí lo tiene! ¿Vea si puede igualar eso?

Imperturbado, el maestro no sacó su arco. Le hizo un gesto para que lo acompañara a la montaña.

Curioso sobre las intenciones del viejo, el campeón lo siguió, hasta que llegaron a un profundo abismo atravesado por un débil e inestable tronco.

El viejo maestro caminó tranquilamente hasta el centro del frágil y peligroso puente, escogió un lejano árbol como blanco, sacó su arco, y disparó un tiro limpio y directo.

- Ahora es su turno, – le dijo mientras regresaba distinguidamente hasta suelo seguro.

El joven miró con terror el abismo sin fondo y no pudo forzarse a caminar sobre el tronco, ni menos disparar al blanco.

- Usted tiene mucha habilidad con su arco, – dijo el maestro, notando el aprieto de su desafiante – pero tiene poca habilidad con la mente, que le deja aflojar el tiro.

* Que fácil es hacer el bien cuando nos encontramos bien. Nos es fácil ser amables, nos es fácil ser honestos, cariñosos, agradables, .... de hecho, todo eso nos sale de manera natural cuando nos encontramos bien. Pero cuando tenemos un problema, cuando sufrimos por él, nos retraemos, el Ego nos dice que nos protejamos, que nos aislemos en nosotros mismos: que no te molesten, no le des limosna que tu estás mal, no te fies de esa persona que te hará daño, ataca tu primero para evitar ser atacad... vamos, todo ese tipo de comportamientos que todos sabemos que hacemos de vez en cuando. Pues es ahí, en los puntos difíciles de nuestra vida donde debemos ser valientes, dejar el dolor apartado para no dañar al compañero ni a nosotros mismos y comportarnos como hermanos con todas las personas, todos los animales y todas las plantas.