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LA PACIENCIA.

Un joven acababa de aprobar las oposiciones de mandarín. antes de tomar posesión de su primer destino oficial organizó una fiesta con sus condiscípulos para celebrar el acontecimiento. Durante la velada, uno de sus amigos que ocupaba un cargo desde hacía algún tiempo, le dio un consejo:

-Sobre todo, no olvides esto: la mayor virtud del mandarín es la paciencia.

El funcionario novato saludó respetuosamente al veterano y le agradeció cordialmente esta preciada recomendación.

Un mes más tarde, durante un banquete, el mismo amigo le recomendó una vez más que se esforzase mucho en la paciencia. Nuestro joven letrado le dio las gracias con una sonrisa divertida.

Al mes siguiente, se cruzaron en los pasillos cubiertos con fieltro de un ministerio. El veterano agarró por la manga al principiante, se lo acercó de un tirón y le sopló al oído su sempiterno consejo. Contraviniendo la acolchada etiqueta que era de rigor en los edificios oficiales, el otro retiró bruscamente su manga de seda y exclamó:

-¿Me tomas por un imbécil o qué? ¡Es la tercera vez que me repites lo mismo!

Mientras un cortejo de dignatarios indignados se volvía, el mentor declaró:

_ ¿Ves?, hago bien en repetirlo. ¡Mi consejo no es tan fácil de poner en práctica!

* Quizá es un cuento sencillo, pero dentro encontramos algo muy valioso. La paciencia es una virtud, y esta debe desarrollarse y entenderse. Es fácil ser paciente cuando sabemos que algo terminará, pero la paciencia que se debe tener cuando algo no es seguro, cuando no sabemos como acabará o porque no es de nuestro agrado, eso es la paciencia que realmente nos inquieta. Probablemente, el funcionario novato, no hubiera reaccionado de la misma manera si hubiera sabido que la tercera vez que le aconsejaba el veterano iba a ser la última. Pero ante la perspectiva de que se vuelva a repetir hasta no saber cuando, es lo que realmente le enfureció.

EL TRIÁNGULO Y EL ÁNGULO RECTO.


Una tarde, al salir de la escuela, se encontraron en una sesión de yoga un triángulo y un ángulo recto. Con ropa más cómoda y uno delante del otro, empezaron a estirar para ir relajando sus cuerpos, moviendo sus lados rectos, vértices y ángulos; adoptando nuevas formas para ir volviendo a la propia al final de la sesión.

Hubo algo que llamó la atención al ángulo recto, ya que su vecino, el triángulo, no se esforzaba tanto como él, quien se exigía más y más para que su forma llegara a ser perfecta.

Su compañero jugaba con el cuerpo, parecía tan fácil, como un bailarín que a veces veía en la tele, había sencillez y concentración en su movimiento, de modo que no se daba cuenta de ser observado. Para colmo de su asombro surgió un momento mágico, el mundo se paró por unos instantes, observando el triángulo final, era como si flotara en el aire, una verdadera obra de arte.

Y así fueron pasando los días, hasta que por fin se decidió a hablar con él. De camino a 
casa siempre cogían el mismo tren. Se acercó a él y le dijo:

- Hola ¿Me conoces?
- Sí, te veo en las sesiones.
- Tengo curiosidad por preguntarte ¿cómo lo haces? Me refiero a que yo me esfuerzo mucho más que tú y no tengo tu resultado. No veo tensión en lo que haces.
- Pues no lo sé, pero creo entender a lo que te refieres: todo mi mundo está en ese momento, ya que lo vivo, me dejo llevar, lo disfruto. Sí es cierto que mis líneas son rectas, pero por dentro hay suavidad, sin tensión y lo mejor de todo es que me siento libre, como cuando soplas un diente de león y vuela por el aire.
- Pero oye, dime tú ahora, si el tren nos está llevando ¿por qué continuas cargado con tus 
mochilas?
Quedó pasmado: -pues tienes razón, no me había dado cuenta. Al dejarlas en el suelo sintió esa ligereza, esa libertad, con un ejercicio tan simple, dejar las bolsas en el suelo y fue entonces que se preguntó a sí mismo ¿Será esta sensación la que él vive? ¿Será esto lo que tengo que aprender?

No lo entendía muy bien aún, pero algo dentro de él le hizo llevarlo a la práctica, con menos rigidez y más espontaneidad. Y así fue el comienzo de una buena amistad.

*Este cuento Taoísta de Eva Juárez Ollé, nos enseña que de vez en cuando conviene quitarse de encima el peso de las obligaciones, de nuestras constumbres y nuestras opiniones. No hace falta ser Juanito o Felipa todo el rato, también podemos descansar y maravillarnos con la naturaleza que nos rodea... y si dejamos de ser Juanito o Felipa, podemos ser lo que nos rodea.  

EL ASPECTO DE LAS COSAS.



Un día, sentado el viejo sabio a la sombra de un árbol al borde del camino, estaba comiendo arroz con los dedos. Por allí pasaba un anciano muy rico que se indignó:

-¡Mirad a ese hombre! Dicen que es el sabio más grande de la provincia y está comiendo con los dedos. ¡Qué horror! Nunca le invitaré a mi casa.

Cinco minutos después apareció una elegante comitiva escoltada por tres guardias que acompañaba a pasear a dos damas.

-Oh, ¿no es ése el sabio del vergel de los ciruelos?

-Sí, es él.

-No le basta con ser un patán, sino que además es muy sucio. Nunca consentiremos recibirle en nuestra casa.

Al día siguiente, el rey de la provincia organizaba una gran recepción para celebrar el equinoccio e invitó al sabio. También estaban invitados el anciano rico y las dos damas. El sabio, en el lugar de honor, comía con palillos y su ropa estaba inmaculada.

El hombre rico no pudo contenerse y le preguntó:

-¿Cómo puedes comer un día con los dedos y otro según las normas y las costumbres?

-¡Oh! es muy sencillo. No me atengo a las costumbres y me adapto al lugar donde me encuentro. Si estoy sentado bajo un árbol, me gusta comer con los dedos. Nadie me ve, aparte de los que pasan y me juzgan. Si se me invita, me acomodo a las costumbres de mi anfitrión.

El hombre meneó la cabeza.

Yo no podría actuar de esa manera. He de comer siempre con palillos.

-Entonces nunca verás más que un aspecto de las cosas -dijo el sabio.

* Este cuento me recuerda a un refrán español que dice así: Allá donde fueres, haz lo que vieres. No sé si realmente es así, pero el cuento no solo se queda en eso, es bastante más profundo.
El cuento nos habla de que nuestro prejuicios, nuestras ideas preconcebidas a veces nos dificulta el aprendizaje, el ver, y el empaparse del mundo.

LA CELEBRACIÓN DE LA MUERTE.



Al saber de la muerte de la esposa de Chuang Tse, su buen amigo Hui Tse acudió a consolarlo y halló al sabio sentado en el suelo, golpeando un recipiente colocado boca abajo y cantando a todo pulmón.
Horrorizado ante aquel comportamiento, Hui Tse se lo reprochó:
-Esa mujer ha vivido contigo, ha criado ha tus hijos,
ha envejecido contigo y ahora está muerta. ¡No me parece bien que no estés llorando,
y encima te dedicas a golpear un recipiente y a cantar de ese modo!
Y Chuang Tse respondió:
-Te estás equivocando, amigo mío. Al principio no pude evitar sentirme triste y deprimido por la muerte de mi amada esposa. Pero después empecé a reflexionar. Al principio ella no tenía vida, y sin vida no tenía espíritu, y sin espíritu no tenía cuerpo. Pero después se le dio la vida, un espíritu y un cuerpo. Ahora las cosas han vuelto a cambiar y está muerta. Se ha unido al gran ciclo de las estaciones. Ahora se halla suspendida entre el cielo y la tierra. ¿Por qué debería lamentarlo? Sería como sí yo no entendiese el proceso de la vida. Por tanto, he decidido dejar de lamentarme y celebrarlo.(Chuang Tse).

*Quizá este cuento nos choque, nos moleste incluso por la tradición religiosa, o simplemente por la tradición social que tenemos. Pero es un cuento mítico en la cultura Taoísta, de hecho se le atribuye a Chuang Tse, considerado el autor taoísta que más ha aportado.
Como siempre decimos, el Tao está unido a la naturaleza, formamos parte de ella y en su esplendor somos felices.... para los taoístas, volver a ella es formar parte de la madre que nos hizo. Y es por eso que no hay motivo de tristeza.

EL ÁRBOL QUE NO SERVÍA PARA NADA.


Alguien le dijo a Chuang Tzu:

“Cuando venía por el camino, he visto un árbol enorme, de los que llaman árboles inservibles. Su tronco está tan retorcido y tan lleno de nudos, que nadie podría sacar una tabla recta de su madera y sus ramas no se pueden cortar en forma alguna que sirvan para algo. Ni un solo carpintero se dignaría a mirarlo. ¿Te has fijado en él?”

Chuang Tzu respondió:

“Si, lo conozco y lo he visto, está a un lado del camino”

El interlocutor prosiguió:

“Pues tus enseñanzas son como este árbol, grandes e inútiles.”

A lo que Chuang Tzu respondió sin darse por aludido:

“¿Alguna vez has observado a un gato salvaje? Permanece agazapado, vigilando a su presa, salta en una u otra dirección, hacia arriba y abajo y finalmente obtiene su presa. ¿Y has observado a un yak? Es enorme como una nube de tormenta y permanece firme en su poderío. Desde luego que es grande, pero ¡no puede cazar ratones!
Pues lo mismo ocurre con ese árbol, permanece en solitario en tierras áridas y siempre que quieras puedes pasear apaciblemente por
debajo de él y tumbarte a descansar bajo su sombra, porque no peligra su vida, nadie lo cortará nunca, porque a ningún carpintero le sirve.¿Qué aún te parece un árbol inútil?, si es así tú deberías de preocuparte por tu vida”

* Como frecuentemente se observa en los cuentos taoístas, la naturaleza forma parte de la tradición. Animales y plantas, motañas, rios y nubes son los protagonistas de las historias contadas. En este caso, el cuento nos hace incapié en que no debemos dejarnos llevar por la aprobación de otros. Ser un árbol que no sirve para nada, le sirve a él para seguir viviendo. Cuando crecemos y nos hacemos mayores, debemos entender esto, debemos no dejarnos llevar por las opiniones de los demás, debemos ser nuestros propios consejeros.