Meditación zen.


Una historia tibetana cuenta que un estudiante de meditación, mientras meditaba en su habitación, creía ver a una araña descendiendo en frente de él. Cada día la criatura amenazadora volvía, creciendo más y más cada vez. Tan asustado estaba estudiante, que fue donde su profesor a contarle su dilema. Le dijo que planeaba colocar un cuchillo en su regazo durante la meditación, así cuando apareciera la araña la mataría. El profesor le aconsejó en contra de este plan. En su lugar, le sugirió que trajera un pedazo de tiza a la meditación, y que cuando apareciera la araña, marcara una X en vientre de la araña. Y que luego le contara.

El estudiante volvió a su meditación. Cuando apareció la araña otra vez, se opuso al impulso de atacarla, e hizo lo qué el maestro sugirió. Cuando más tarde fue a contarle al maestro como le había ido, el profesor le dijo que se levantara su camisa y mirara su propio vientre. Ahí estaba la X.

* Este cuento es propio de la sabiduría zen. La comprensión del Ego produce su eliminación, pero para ello, uno debe deshacerse de sus puntos de apoyo, creencias e ideas preconcebidas. Muchas veces, el miedo que tenemos a las cosas, a las situaciones, a las personas, etc, se deben más bien a lo que nosotros interpretamos de ellas, a nuestros recuerdos e ideas sin conocer bien aquello que tememos. Hay personas que tienen miedo a cosas verdaderamente inofensivas, como a los pájaros, al exterior, a las alturas, etc... Cuando vemos a estas personas desde fuera, vemos que ese miedo no se relaciona con un peligro real, sino que son ideas equivocadas que para ellos son reales. Nosotros también tendremos nuestros miedos, nuestras ideas equivocadas que para nosotros son reales y por tanto debemos superarlas.

Los dos monjes y la chica.


Dos monjes estaban peregrinando de un monasterio a otro y durante el camino debían atravesar una vasta región formada por colinas y bosques.

Un día, tras un fuerte aguacero, llegaron a un punto de su camino donde el sendero estaba cortado por un riachuelo convertido en un torrente a causa de la lluvia. Los dos monjes se estaban preparando para vadear, cuando se oyeron unos sollozos que procedían de detrás de un arbusto. Al indagar comprobaron que se trataba de una chica que lloraba desesperadamente. Uno de los monjes le preguntó cuál era el motivo de su dolor y ella respondió que, a causa de la riada, no podía vadear el torrente sin estropear su vestido de boda y al día siguiente tenía que estar en el pueblo para los preparativos. Si no llegaba a tiempo, las familias, incluso su prometido, se enfadarían mucho con ella.

El monje no titubeó en ofrecerle su ayuda y, bajo la mirada atónita del otro religioso, la cogió en brazos y la llevó al otro lado de la orilla. La dejó ahí, la saludó deseándole suerte y cada uno siguió su camino.

Al cabo de un rato el otro monje comenzó a criticar a su compañero por esa actitud, especialmente por el hecho de haber tocado a una mujer, infringiendo así uno de sus votos. Pese a que el monje acusado no se enredaba en discusiones y ni siquiera intentaba defenderse de las críticas, éstas prosiguieron hasta que los dos llegaron al monasterio. Nada más ser llevados ante el Abad, el segundo monje se apresuró a relatar al superior lo que había pasado en el río y así acusar vehementemente a su compañero de viaje.

Tras haber escuchado los hechos, el Abad sentenció: "Él ha dejado a la chica en la otra orilla, ¿tú, aún la llevas contigo?".

*Este tan conocido cuento nos muestra como alguna veces acarreamos con el pasado. Tenemos ideas, experiencias, nos hacemos ilusiones y acumulamos desdicha y resentimiento. Pero si realmente queremos, podemos deshacernos de todo este peso y vivir el presente de una forma más ligera y fresca.