Zorro inválido.


Una vez un hombre vio a un zorro inválido y se preguntó cómo haría para estar tan bien alimentado. Decidió pues, seguirlo y descubrió que se había instalado en un lugar donde solía ir un gran león a devorar a sus presas.

Cuando el león terminaba de comer, se alejaba y entonces el zorro iba y se alimentaba a placer. El hombre se dijo:

-Yo también quiero que el destino me ofrezca de igual manera.

Se marchó a un pueblo y se sentó en una calle cualquiera a esperar. Pasó el tiempo y no sucedió nada, excepto que cada vez estaba más hambriento y débil. Entonces, en su debido momento, escuchó una voz interior que le dijo:

-¿Por qué quieres ser como un zorro que busca la manera de beneficiarse de otros?..., ¿Por qué no ser como un león para que otros se beneficien de ti?

* La vida es para vivirla. No hay que esconderse detrás de subterfugios, ningún pretexto o escusa nos tiene que impedir vivir plenamente la vida. Y aunque las excusas exteriores son la más evidentes, son las interiores, aquellas que nos aportan seguridad o aquellas de las que estamos seguros que son ciertas, las que más nos paralizan. Conocernos nos hace libres.

LA PRUEBA DEL MAESTRO BUDISTA.


-Soy pobre y débil.- dijo un día un maestro a sus discípulos, pero vosotros sois jóvenes, y yo os enseño: es deber vuestro, por lo tanto, conseguir el dinero que vuestro viejo maestro necesita para vivir.

-¿Cómo podemos hacer eso?- preguntaron los discípulos-. Las gentes de esta ciudad son tan poco generosas que sería inútil pedirles ayuda.

-Hijos míos- contestó el maestro-, existe un modo de conseguir dinero, no pidiéndolo, sino cogiéndolo. No sería pecado para nosotros robar, pues merecemos más que otros el dinero. Pero, ¡ay!, yo soy demasiado viejo y débil para hacerlo.

-Nosotros somos jóvenes- dijeron los discípulos- y podemos hacerlo. No hay nada que no hiciéramos por vos, querido maestro. Decidnos sólo cómo hacerlo y nosotros obedeceremos.

-Sois jóvenes- dijo el maestro- y es poca cosa para vosotros el apoderaros de la bolsa de algún hombre rico. Así es cómo débeis hacerlo: escoged algún lugar tranquilo donde nadie os vea, y luego agarrad a un traseúnte y coger su dinero, pero no lo lastiméis.

-Vamos inmediatamente!-, dijeron los discípulos, excepto uno, que había callado, con la mirada baja.
El maestro miró a ese joven discípulo y dijo:

-Mis otros discípulos son valientes y están deseosos de ayudarme, pero a ti poco te preocupa el sufrimiento de tu maestro.

-Perdonadme, maestro- contestó-, pero el plan que nos habéis explicado me parece irrealizabe; éste es el motivo de mi silencio.

-¿Por qué es irrealizable?- preguntó el maestro.

-Porque no existe lugar alguno en el que no haya nadie que nos vea- contestó el discípulo-; incluso cuando estoy solo mi Yo me observa. Antes cogería una escudilla e iría a mendigar que permitir que mi Yo me vea robar.

A estas palabras, el rostro del maestro se iluminó de gozo. Estrechó al joven discípulo entre sus brazos y le dijo: -Me doy por dichoso si uno solo de mis discípulos ha comprendido mis palabras.-
Sus otros discípulos, viendo que su maestro había querido ponerlos a prueba, bajaron la cabeza avergonzados.

Y desde aquel día, siempre que un pensamiento indigno les venía a la mente, recordaban las palabras de su compañero: "Mi yo me ve".

* Son muchas las veces que en la vida nos intentan decir como debemos vivir, como debemos actuar o realizar cualquier cosa e incluso, para colmo, COMO DEBEMOS PENSAR. Pero aunque la fama, el prestigio respalden a los que nos dicen lo que debemos hacer, nunca debemos hacerlo sin pensar por nosotros mismo. Somos nosotros quienes sabemos como vivimos, lo que sentimos, lo que pensamos...    Si queremos vivir como robots, simplemente deja que te digan lo que debes hacer, lo que debes pensar y lo que debes sentir... pero si quieres vivir como un ser humano valiente, independiente y no un mero reflejo, cada decisión que tomes, que sea por convicción propia.