Gallito de pelea.


En el libro de Chuang-Tzu se cuenta que Chi Hsing Tzu entrenaba un gallo de pelea para el rey Hsuan. Era un gallo fino.

A diez días de comenzado el entrenamiento, el rey le preguntó si el gallo estaba listo para combatir. «Aún no», respondió el entrenador. «Es fuerte y está lleno de fuego, dispuesto a pelear con cualquier otro gallo. Es vanidoso y confía demasiado en su coraje».

Diez días más tarde, contestó de nuevo: «Todavía no. Apenas escucha el canto de otro gallo le entra una rabieta y quiere pelear».

Otros diez días más: «Aún no. Todavía manifiesta cierta rabia en sus gestos e hincha el plumaje».

Y pasaron otros diez días: «Ya está casi listo. Aunque vea o escuche cantar a otros gallos, se mantiene tranquilo. Nada lo altera. Parece un gallo de madera. Su actitud es poderosa. Los demás gallos no se atreverán a aceptar su desafío».

Llego el día del torneo, a donde acudieron muchos gallos. Pero las demás aves no se atrevían a aproximarse al gallo del rey. Huían como gallos patarucos ante este formidable animal, que poseía una tremenda fuerza interna y la proyectaba a través de su serenidad.

*Este cuento nos habla de la fuerza interior. Quien se siente fuerte no tiene que demostrarlo. Quien se siente seguro, no lo grita a los cuatro vientos. Es el débil, el inseguro, el cobarde el que quiere demostrar a los demás que es fuerte, seguro y valiente.

LA FUERZA DE DJOHA


DJoha, ya de cierta edad, fue a un paseo con sus amigos. Caminando, empezaron a recordar de su juventud y la fuerza que tenía cada uno, cuando eran todavía muchachos.
Dijo uno: - "Cuando yo era un joven, era más fuerte que hoy y podía caminar hasta veinte kilómetros al día, sin parar".
Dijo el otro: - "Cuando yo era un muchacho, rompía un palo grueso con una sola mano".
Dijo el tercero: - "La fuerza de la juventud no es como la de la vejez!"
Dijo Djoha: - "¡No es verdad! Yo soy tan fuerte hoy, como cuando joven".
"¿Qué estas hablando?" - le preguntaron los amigos.
Dijo Djoha: - "Pues esa es la pura verdad. ¡Y puedo demos­trarlo!"
"Entonces, demuéstranos!" - le dijeron los compañeros.
Entretanto, llegaron a un campo. Djoha se acercó a una roca grande y pesada. Quiso levantarla pero, por supuesto, no resultó. Se volvió a sus amigos y les dijo: - "Vieron; ¡aquí está la demostra­ción!"
"¡Pero tú no la levantaste!" - le dijeron los amigos.
Y les contestó Djoha: - "¿Y creen Ustedes que cuando joven, lo hubiese podido hacer?"

* Solemos retener los recuerdos agradables y nos deshacemos de los desagradables. Y por esto añoramos otros tiempos que parecen mejores. lo que sucede si hacemos esto es que no vivimos el presente por recordar el pasado. Lo que sucede es que no vivimos plenamente.